LAS MAGAS DRAG QUEEN

ARSÉNICO POR DIVERSIÓN

La cabalgata de Valencia sigue dando protagonismo a la ilusión de los Reyes. No ocurre eso en lugares innovadores como Vallecas

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Guste más o menos, lo de Valencia sigue siendo una cabalgata de Reyes. Con sus arcos luminosos que incrementan la contaminación lumínica innecesariamente, o con sus batukadas que proporcionan la misma banda sonora a esa convocatoria que a una contra la violencia de género o a otra a favor de los animales, la Cabalgata de Valencia sigue dando protagonismo a los Reyes Magos y a la ilusión mágica que la noche tiene para los niños. Hay que congratularse y respirar aliviados. Al menos aquí las propuestas alternativas y rompedoras quedan para otro día. No ocurre eso en lugares innovadores como Vallecas. Allí lo de Manuela Carmena y los trajes del mago Merlín con los que salieron los Reyes hace un par de años en el centro no es nada en comparación con el deseo de tener unas Reinas Magas drag queen. Al final, han decidido que no saldrán como tales pero sí con algún traje sorpresa. Está visto que en este país no hay nada como enfundarse un chubasquero transparente ajustadito para ser el foco de atención de todo el mundo.

La idea de incluir Reinas Magas drag queen fue de una plataforma en defensa de los derechos LGTB que participará con lo que consideran una 'carroza inclusiva'. El objetivo no es otro que normalizar la diversidad de razas, de tendencias sexuales y de aspecto físico en el mundo de hoy. Para ello pretendían que los reyes fueran reinas y que una fuera una mujer blanca; otra, una mujer de color y la tercera, una drag queen. Personalmente, no tengo nada que objetar a hacer visible que el mundo es complejo, múltiple y diverso. La lección del respeto y la aceptación del otro, con sus peculiaridades, es una de las más importantes que podemos dar a las nuevas generaciones. Ahora bien, convertir una cabalgata de Reyes en una secuela del 'Orgullo' no es admisible. No es transfobia sino sentido común. La diversidad siempre ha estado presente en la festividad de Reyes con Baltasar. De hecho, la Iglesia, con su figura, 'normalizó' la riqueza de razas y etnias del mundo siglos antes de que nacieran los grupos en defensa de las minorías. Es más, los textos evangélicos no hablan de Baltasar; es una tradición que simboliza, precisamente, la adoración al Niño Jesús por parte de todos los pueblos de la Tierra.

El Belén siempre fue multirracial y, como sabemos, el favorito de los niños no es el rey blanco sino el negro. Acusar a quienes defienden el respeto a la tradición en la festividad de Reyes de discriminar cuando ponen en su casa a un rey negro en un lugar prioritario; le escriben su carta ilusionada y le ponen turrón en un plato en la noche del día 5 no parece razonable. La Cabalgata de Reyes tiene una función y la del Orgullo, otra. Discriminar sería negar a alguien la posibilidad de ejercer de rey mago en una cabalgata por ser gay pero intentar que los niños no confundan a los Reyes Magos con la Reina Drag del Carnaval de Gran Canaria es algo muy distinto.

Fotos

Vídeos