TODO FANTÁSTICO

JOSÉ MARTÍ

El Levante está fantástico. Mejor que nunca al parecer, si solo escucháramos a sus responsables. Lástima que los números y la clasificación apunten lo contrario. El entrenador sostiene sin ruborizarse que «el equipo no ha desfallecido nunca y siempre compite». Cualquiera podría citar varios ejemplos de lo contrario, más allá del ridículo de San Sebastián. Su jefe directo, Tito, ha hecho una maratón mediática esta semana tratando de ofrecer todo tipo de explicaciones para justificar lo injustificable y responder con obviedades exculpatorias del tipo «hay muchas variables en los fichajes que no controlas» o «se ha dicho que en verano se hizo mal». Por algo dicen que la ausencia de autocrítica es un rasgo del carácter español. El director técnico granota cierra su retahíla de excusas en la recomendable entrevista de Moisés Rodríguez en este diario con una frase rotunda: «Lo que me ha transmitido el míster y el vestuario es un equipo que va en una dirección». Aunque no llega a concretar en qué dirección exactamente, por si acaso. El presidente Catalán también se apunta a esta dinámica escapista. «No tiene por qué estar la continuidad de Muñiz encima de la mesa», contesta. No debería extrañarnos. El optimismo infundado y una visión muy particular de los acontecimientos es norma entre los responsables de cualquier empresa. Terminan siendo los últimos inasequibles al desaliento, con una fe ciega en el éxito del proyecto construido. Por algo se dice que «el optimismo es la fe que conduce al éxito». Sin embargo, el estado natural del hincha de cualquier equipo es el de una amarga desilusión, al margen de los resultados. Y el granota ya ha llegado a un nivel extra de amargura en el que su abatimiento le obliga a maldecir por lo bajo en cada jornada, pasarse los días preocupado y cabizbajo, hasta el siguiente partido en que volverá a revivirlo todo de nuevo en sus carnes aunque siempre manteniendo un halo de esperanza. Muchos -ojalá nos equivoquemos- seguimos considerando un error dilatar situaciones gangrenadas. Tiempo perdido. Pero más error todavía es dar la espalda al equipo o convocar plantes infantiles de la grada al inicio del partido. Mientras hay puntos en juego siempre hay que sumar y dar aliento hasta el pitido final, no optar por la automutilación o lanzar piedras contra nuestro tejado. En el fondo, el desesperado seguidor granota todavía alberga un anhelo de ilusión en su corazón y cree que este equipo semidesahuciado aun es capaz de los milagros más inauditos como no encajar un gol, ganar un partido en casa o sumar de tres en tres. Superar las dificultades aunque Tebas le castigue con disputar tres partidos en cinco días y medio. Apretar para, pese a todo, continuar fuera de los puestos de descenso. Al menos una semana más. O no.

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