Corea: ¿Acabaron los juegos?

INOCENCIO F. ARIAS

Ya no vamos a jugar más», ha manifestado la embajadora estadounidense en Naciones Unidas al aprobar el Consejo de Seguridad unánimemente una resolución que impone sanciones económicas serias a Corea del Norte. ¿ Será verdad?

La escasez de acontecimientos del verano puede dar la impresión de que las noticias alarmantes que llegan de Corea del Norte son algo rutinario y producto de la necesidad de llenar páginas en los periódicos (recordemos la tinta, por el receso veraniego, que ha corrido con la huida de Neymar a París. Da vergüenza ver el espacio que se le ha dedicado)

Sin embargo, en esta ocasión, la alarma es justificada. El oprobioso régimen del coreano Kim Jong Un ha dado un nuevo alarmante paso. Desde hace años viene asustando con la posesión del arma nuclear. Luego se dotó de la capacidad de lanzarla sobre su vecino del sur e incluso sobre Japón. Desde hace poco, sus misiles pueden al parecer alcanzar Alaska, es decir un Estado del detestado imperio yanqui. No es descartable que dentro de un tiempo pueda golpear otros territorios más poblados de Estados Unidos. El presidente coreano, hijo y nieto de dictadores, tiene un lado bravucón y su ultima prueba con misiles la realizó el día de la fiesta nacional estadounidense, el 4 de julio.

Si en Japón, ahora fácilmente alcanzable, la amenaza coreana da dentera -en este mes se cumple el funesto aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki-, en los Estados Unidos de Trump surge con fuerza el interrogante de cómo abordar la pesadilla coreana. Mientras Corea solo poseía la bomba los dirigentes yanquis podían olvidarse del asunto ante otros problemas más acuciantes. Desde el momento en que Corea empieza a tener la posibilidad de colocar esa bomba devastadora en varios lugares del planeta, incluido Estados Unidos, es más temerario hacer el avestruz.

La historia reciente del problema coreano muestra que cuando un país tiene un mínimo de preparación y dedica pacientemente tiempo y recursos a la investigación la bomba nuclear se convierte en una realidad. Hay productos y conocimientos que se adquieren en el mercado negro y un régimen tan cerrado y tan despiadado como el norcoreano convierte en un enigma todo lo que ocurre dentro de sus fronteras. Un experto americano ha escrito que Corea del Norte es el mayor fracaso de la historia del espionaje de Estados Unidos.

Una vez que se tiene la bomba y la capacidad de tirarla sobre un adversario, aunque sólo sea cercano, el gobierno transgresor -Corea del Norte está violando las disposiciones de Naciones Unidas- cuenta con un arma temible para no ser atacado. El arma es enormemente disuasoria, representa su capacidad de borrar en buena medida del mapa a cualquier país al que lleguen sus proyectiles. Los coreanos se han percatado de que Sadam Husseim fue invadido, y derrocado, porque no tenía la bomba nuclear. Otro tanto ocurrió con el libio Guedaffi. Los dirigentes ucranianos saben asimismo que si no hubieran renunciado al armamento nuclear Putin les crearía menos problemas territoriales.

En consecuencia, por muchas ganas que tenga Trump, o en este tema tenían Obama o Bush, de darle una lección a Kim Jong Un, ha de hacer de tripas corazón y tentarse la ropa. No se conocen todos los sitios y rampas de lanzamiento norcoreanos. Lo que implica que un ataque sorpresa de Estados Unidos podría dejar incólumes, digamos, dos rampas de lanzamiento desde las que Corea del Norte podría ejecutar un bombardeo devastador sobre Seúl, capital de Corea del Sur, situada a menos de cien kilómetros de la frontera, una ciudad con millones de habitantes que podría literalmente desaparecer. Alguna urbe japonesa, en función de lo certero de los misiles coreanos, podría sufrir la misma suerte.

La comunidad internacional, con Estados Unidos y China a la cabeza, amén de Japón, ha intentado comprar y castigar a Corea del Norte. Hace más de una década llegaron a un acuerdo para proporcionar alimentos al régimen comunista a lo largo de varios años -la hambruna había causado miles, quizás millones de muertos- con el objetivo de que Corea congelara su programa nuclear. No funcionó. Posteriormente han aplicado sanciones al país. No han doblegado a los coreanos del norte. Según los detractores occidentales de las sanciones, un país brutalmente totalitario, en el que oír la radio de Corea del Sur es delito, resiste porque, no existiendo opinión pública, la población no puede reaccionar. Solo sufrir.

Para muchos, la clave está en Beijing. Los chinos compran la mayor parte de lo que exportan los norcoreanos y si quisieran apretar las tuercas a sus vecinos los podrían hacer más razonables. China se indigna ante esta acusación que Trump ya ha formulado en voz alta. Sostiene que es ridícula y que Estados Unidos tiene que volver al diálogo con Corea del Norte. La argumentación de Beijing tiene algo de realidad -no es fácil domar a un dictador que teme por su supervivencia- y bastante de coartada. A China le inquieta el despliegue nuclear de Corea del Norte pero puede vivir con él. Lo que detesta más profundamente es que Kim Jong Un desapareciera, su régimen finiquitara y las dos coreas, como ocurrió con Alemania, se unieran. Tendría a las tropas americanas pegadizas a su frontera.

El nuevo presidente de la próspera Corea del Sur, Moon Jae-in, quiere volver al diálogo con el norte, con la participación de Estados Unidos, China y Rusia. Los del norte no se lo ponen fácil con sus repetidas provocaciones. La tensión no baja. Se ha publicado que hace días un satélite americano tuvo localizado un buen rato al dictador norcoreano el día del lanzamiento del último misil. La tentación de pulverizarlo debió flotar en la Casa Blanca. ¿Qué hubieran hecho los generales que se mueven a su alrededor? ¿ Lanzar una instantánea lluvia de fuego sobre millones de surcoreanos?

Esta semana, ante las llamativas provocaciones de Corea, la ONU ha reaccionado. El Consejo de Seguridad abraza de nuevo las sanciones, sobre el papel seriamente. Se trataría de no comprar carbón, hierro o pescado del Corea del Norte, lo que privaría a Pyongyang de un tercio de los tres mil millones de dólares que ingresa por exportaciones. El americano Tillerson piensa que esto hará recapacitar a Corea y anuncia que volverá a dialogar si Kim Jong congela sus lanzamientos. Es dudoso, con todo, que el tiempo de jugar se haya agotado. Como muchas veces en la ONU, una cosa es lo que se aprueba y otra lo que se implementa. Varias potencias, alguna grande, simularán en el tema de las sanciones.

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