La traca

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Nunco hubo mejor himno en Mestalla que la traca al inicio de cada partido. Espontánea y ruidosa. Capaz de embriagar a una grada en segundos con el olor a pólvora. El fervor valenciano y valencianista comieza siempre con el encendido de una mecha. Con ese ritual clásico de tirar y desplegar la traca para que el trueno final quede al final, como estruendoso epílogo de lo que se puede considerar una devoción genética. El ruido, corto e intenso, acelera los corazones para de inmediato sentir al mismo tiempo esa emoción y sosiego al llenar los pulmones del aroma de la pólvora. Alrededor de una traca hay fiesta en Valencia. Pasión, amor y sentimiento. No hay mejor canción que esos diez metros de mecha, petardos y trueno. Era el mejor himno, erradicado por la normativa, alejado de los fondos de Mestalla por un supuesto peligro, leyenda de abuelos a nietos. Ese maravilloso impulso que tuvo Rafa Lahuerta de celebrar el gol de Forment en la puerta de Mestalla hace unos días se envolvió en la liturgia de disparar una traca. De una sola traca. Porque no hace falta más. Ni acordes ni estribillo ni fanfarria. Fervor, como apunta el ideólogo para resumir en una palabra las cualidades que debe de reunir un himno que tenga la unanimidad de una grada. Fervor y espontaneidad. Al calor del centenario, florecen canciones con poso valencianista. Algunos incluso anuncian sus intenciones sin que haya sonado un acorde todavía. A todas se les cuelga el cartel de «himno», aunque alguno de sus autores admitan que esa no es una de sus pretensiones. En el Valencia parece que hay una cuenta pendiente porque el club carezca de un himno coral, que todo el campo entone a la salida del equipo. Igual es que la grada de Mestalla no es de letras ni de himnos. Lo que no se puede es cantar por imperativo legal. He escuchado bramar al Pizjuán su canción de nuevo cuño pero me emocionó más cómo alentó la grada del Nuevo Arcángel a su equipo, el Córdoba, señalado ya para el descenso a segunda división. La celebración del centenario, si es que se celebra porque me da en la nariz que para la entidad es secundario y en el presupuesto casi una anécdota, debe servir para recordar el pasado, agradecer los servicios y arropar a muchas de esas personas, jugadores o no, que han hecho del Valencia lo que es. Un gesto sería recuperar el nombre original, el del acta fundacional en la que se leía Valencia Football-Club. Pero enlatar el futuro en carreras de himnos me parecería el primer paso de un error ya conocido. La traca, recuperen la traca. Habiliten un sitio en el viejo Mestalla, con permiso especial y sin caducidad de la Generalitat, de la Delegación del Gobierno o del sursum corda para que la grada se embriague del ruido y pólvora, el mejor de los estribillos.

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