ENTRE ACATAR Y TRAGAR

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

La temporada que ahora termina ha sido un milagro. La que viene, una obligación. Primero, porque la exigencia siempre está un punto por arriba de la última clasificación. Segundo, porque es vital para que el Valencia hile varias campañas en la máxima competición continental. Y tercero, porque es la que permitirá dar el verdadero salto a todos los niveles. En las palabras de Marcelino, entre líneas, siempre percibo una calma chicha. Las sensaciones que preceden a la tormenta si no se dan los elementos adecuados. Palpo ya demasiadas vendas. Sólo la pelota evitará futuras heridas. Espero que el Valencia tenga la próxima temporada una plantilla mejor que la actual. También confía en ello el entrenador, que sabe que sin los refuerzos adecuados tanto en cantidad como en calidad será imposible acometer con garantías las tres competiciones. El tiempo le ha dado la razón a Nuno. El portugués nunca fue santo de mi devoción pero es cierto que, por iniciativa propia o aconsejado por su agente, descartó la Copa del Rey para lograr la clasificación para la Champions. Lo hizo a diez minutos del final en Almería y con la mejor marca de puntos en la historia del Valencia. Este año, en el momento en el que Marcelino fue con todo a por la Copa del Rey, el equipo se cayó a plomo por la exigencia de la doble competición. Nuno inició aquella temporada de Champions condenado. Tiró un pulso que perdió por los resultados. Marcelino echará a rodar el próximo verano bendecido y arropado. Esa es una de las grandes diferencias. Pero lo que no debe permitir el asturiano es lo que consintió el portugués. Peter Lim vendió al mejor jugador de aquel equipo, al argentino Otamendi. Es cierto que el central se quiso ir pero también lo es que los más de 40 millones de euros que llegaron a la caja eran apetecidos por el dueño. Un dinero que sirvió para incorporar a morralla recomendada con nombres propios: Abdennour y Aderlan Santos. Aquella plantilla no era mejor que la anterior. La diferencia entre Nuno y Marcelino es que el primero formaba parte de la familia. Nuno era un empleado más del negocio entre Lim y Mendes. La suerte de este Valencia es que Marcelino, por mucho que acepte las reglas del juego, no tolerará maniobras similares que le dejen a los pies de los caballos. La dignidad de Marcelino está más cerca de acatar que de tragar. El Otamendi del actual técnico valencianista puede ser Rodrigo, el futbolista con más cartel en el actual Valencia y que puede multiplicar todavía más su valor si Lopetegui lo incluye en el avión rumbo a Rusia. Más importante que venderlo es saber cómo invertir ese dinero. Afortunadamente esa decisión ya no está en manos de Mendes sino de Mateo Alemany. Otra cosa es que Lim tropiece de nuevo con la misma piedra.

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