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Rajoy rompe los nervios a cualquiera; Puig ha desvelado su proyecto de Constitución:¿error de estrategia o anticipación?

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

La Esfinge Inalterable puede llegar a desestabilizar. Mariano Rajoy, con su impasible modo de gobernar, es de los políticos que terminarían por romper los nervios de Job, el rey de la paciencia. El metabolismo político de Rajoy es de apenas diez pulsaciones por minuto. De modo que si De Guindos se atreve a decir que el lunes va a ser sustituido, es seguro que no habrá sustituto hasta el viernes, como pronto.

Tensiones entre PP y Ciudadanos, proximidad de las elecciones municipales, apremios para que reaccione, intensa marejada en Cataluña, pensionistas en pie de guerra... Esos, y cuarenta más, son los asuntos urgentes sobre su mesa. Pero él contempla sin inmutarse el único problema de un político unidireccional: aprobar los presupuestos. Porque es la única fórmula segura para hacer un solo cambio en el Gobierno, agotar la legislatura... y agotar de paso los nervios de la oposición, desde Rivera hasta Pablo Iglesias, pasando por un Pedro Sánchez que no ha resistido más y se ha tirada a la calle poniendo por delante a los jubilados y sus pancartas.

Es un póker irritante. Rotos los nervios por ese galaico no-hacer-nada presidencial, los adversarios, y también los propios, terminan por hacer guiños, toser, poner cara de susto o echar la baza sobre la mesa en señal de rendición. Le agreden, y no responde; le gritan y no se inmuta. La estabilidad de la economía, y la necesidad de que en Cataluña haya un presidente que esté dentro de la ley, son sus lemas de invierno. Y eso le basta, como bagaje político único, ante el estupor de los suyos, que murmuran pero jamás se atreverán a decirle a la cara lo que piensan.

Los jugadores convencionales no resisten una partida así. Están pensando con prisa en unas elecciones generales anticipadas y en las autonómicas y municipales de 2019. Y no soportan esa tensión al estilo de 'La muerte tenía un precio'. El último que ha movido ficha ha sido nuestro presidente, acuciado -es natural- por el insufrible silencio de la financiación autonómica. Huérfano de apoyos, el martes, sin poder resistir más, Ximo Puig echó sus cartas sobre la mesa y mostró un programa que incluye una reforma constitucional destinada a lograr una España federal financiada por igual en lo básico aunque desigual en los sabrosos detalles. Ha sido el primer presidente regional en mostrar sus jotas y picas; el primero que ha reventado un modelo que a partir de ahora ya tiene en contra a los que quieren menos y a los que aspiran a más. ¿Hablar tan pronto es una baza de anticipación o un error de estrategia? Los que quieren menos poder autonómico y recentralización, ya saben lo que tienen enfrente; los soberanistas y catalanistas, también.

Rajoy no quiere cambiar la Constitución. Pero el problema es que la persecución de los que venden periódicos los domingos y las Oficinas de Delación y Puritanismo del Lenguaje ya no bastan. Se agotan los conejos de la chistera, se rompen los nervios.

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