Jugar con fuego

TIENDA DE CAMPAÑA

El independentismo se está colando, como un veneno, en el corazón del Consell. Si esto no es una crisis... el presidente dirá

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Dividir, separar, enfrentar. No es difícil hacer un balance de las repercusiones negativas que la aventura independentista de Puigdemont y sus secuaces está teniendo para la sociedad civil catalana. Incluso es facilísimo ver esos mismos efectos perniciosos en la sociedad valenciana. Incluso en la política valenciana.

No, que no diga nadie que el conflicto catalán es exclusivo de Cataluña y sus resignadas gentes. Es de toda España. Y es muy singularmente un conflicto valenciano, un problema nuestro. Lo sobrellavamos desde hace décadas, desde mucho antes de la guerra civil, pero ha resurgido ahora, está creciendo desde octubre, como era de temer. Y no es un debate de aula universitaria, ni de café con copas: al Consell, a ese gobierno autonómico estancado al borde de lo inoperante, ya ha empezado a envenenarle el conflicto catalán. Está abriendo las grietas que muchos vimos mal soldadas en aquel Pacto del Botánico que se firmó con el exclusivo propósito de desalojar del poder al Partido Popular.

Dividir, separar, enfrentar. Es tóxico, es veneno en las arterias del poder. Al presidente Puig lo único que le parece bien quemar son las fallas, y discrepa abiertamente de la quema de fotos del Jefe del Estado. A Puig, que al menos entiende lo que es el respeto institucional, le inquieta el sesgo de contagio que está tomando en sus socios, los soberanistas de Compromis, esa lucha callejera que carga contra la Constitución y sus jueces. La vicepresidenta, Mónica Oltra, tan lejos cuando quiere de esa candorosa 'valencianeta' que suelta un lagrimón en la Ofrenda, defiende a su 'muchachada', dice que quemar fotos del Rey es ejercer la libertad de expresión, y le restriega al presidente, en las narices de la opinión pública, una desafortunada sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Si eso no es veneno en el corazón del poder ¿qué será? Sabemos, desde luego, que no es la paciencia, no es la templanza, no es la prudencia con que hemos visto intentar gobernar a un presidente burlado una y otra vez por sus socios radicales, incluso por miembros de su gabinete que también abusan del radicalismo.

Pero en tierras valencianas no queremos ir contra el Estado español. A la inmensa mayoría no nos sale, no nos gusta, no lo hemos vivido en casa. Valencianos, sí, pero sin dejar de ser españoles. Y desde luego, respetuosos con la Constitución y con el Jefe del Estado. Junto al Bloc que conocimos moderado se ha colado gente inquietante, envenenada, que está jugando con fuego. Y los que no quemarían jamás un retrato, los que están con la ley y exigen una vida respetable, ven con escándalo que quemar la imagen del Rey es algo protegido como «derecho humano» por un tribunal europeo, y que la lucha callejera del catalanismo empieza a contagiarse con el beneplácito de la mitad de nuestro gobierno regional.

Si esto no es una crisis, si esto no se merece una crisis, el presidente dirá.

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