Exterior e interior

¿Cómo van a entender lo de Puigdemont en países donde nos ven pitar el Himno Nacional sin que ocurra nada?

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

De alguna manera sigo con el soliloquio del martes. Porque me gustaría anotar que una buena mayoría de esa gente corriente, la que se enfada con el Gobierno cuando comprueba que no está jugando el partido contra el independentismo con el coraje que ellos quisieran ver, no cree que Rajoy esté capacitado, ni deba estarlo, para hacer cosas que la separación de poderes tiene acotado. Pero sí que entiende, porque es de cajón, que el presidente del Gobierno podía haber emprendido una gira diplomática para explicar nuestra Constitución por una docena de instituciones europeas. Si lo hace Puigdemont cuando puede meter cabeza en cualquier universidad ¿cómo no ha de hacerlo el presidente del Gobierno? ¿Cómo no hay cartas al 'Times' y al 'Bild', cómo Rajoy no alerta de peligro separatista en los foros más unitarios de Francia o de Austria?

La diplomacia española, el señor ministro de Asuntos Exteriores, no está saliendo muy bien librada en esta crisis, ya larga, del independentismo catalán. La gente corriente lo ve claro; y no entiende eso de que «Cataluña es un asunto interno español». ¿A santo de qué? Cataluña, los corsos, los independentismos vascos, flamencos, bretones, el neofascismo polaco o húngaro... son el principal problema de Europa; por encima, sin duda alguna, de la estúpida legislación europea sobre cómo debemos fumigar mosquitos o qué espacio vital necesita una gallina clueca. Europa fue creada para hacer homogénea nuestra forma de vida y ganar fuerza en la lucha contra los virus que nos atacan.

El Gobierno ha hecho muy poco para superar la ola de frivolidad que invade las redacciones de la Europa del bienestar. España no ha contrarrestado los videos, verdaderos o falsos, del independentismo catalán; no ha sabido hacer una labor didáctica en favor de un concepto moderno de la unidad española; no ha explicado que aquí se puede aspirar a la independencia pero a Puigdemont se le persigue porque ha quebrantado las leyes.

Pero cuidado, no ha sabido el gobierno porque tampoco sabe hacerlo, ni quiere, una sociedad civil en la que incluyo desde el Instituto Cervantes a las docenas de fundaciones privadas que hacen cultura, divulgación e investigación. Y es que el problema de la falta de respuesta exterior en un momento en que a España le convenía dar de sí misma una imagen de nación unida y coherente, se explica diciendo que no mostramos nada fuera porque dentro no tenemos más que tres o cuatro atisbos superficiales de sentido nacional. Emocionarse con los triunfos deportivos o en el desfile de la Legión en Málaga es poca cosa. ¿Cómo van a dejar de escuchar a Puigdemont países que nos ven silbar el Himno Nacional? ¿Qué respeto informado queremos dar al exterior si dentro no lo tenemos?

Es muy poco, es insuficiente, lo que la sociedad civil hace por España. Y nos señala el gran peligro al que nos estamos sometiendo cada día que perdemos sin articular un verdadero proyecto nacional serio y moderno.

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