LA CANDIDATURA DE RAJOY

J. C. Ferriol
J. C. FERRIOLValencia

«Mi idea, a fecha de hoy, es intentar repetir de candidato, aunque tiene que querer mi partido. Vamos a ver cómo evolucionan las cosas, pero yo, desde luego, lo intentaré porque creo que caminamos en la buena dirección». Las palabras son de Mariano Rajoy y las pronunció en una entrevista el pasado miércoles con Carlos Alsina. Algunos 'marianistas' -ya saben, expertos en analizar las palabras y los silencios del líder popular- se apresuraron a sacar la conclusión de que Rajoy estaba dejando claro que volvería a ser el aspirante de su partido a la presidencia del Gobierno. Tengo mis dudas. Reconozco que descifrar al personaje Rajoy me resulta en ocasiones muy complicado. Pero diría que por primera vez el dirigente popular se está pensando dar un paso al lado, por más que lo que las encuestas dibujan ahora como un horizonte negro, negrísimo, pueda despejarse en unos meses. Pienso que si Rajoy decide no seguir -hablamos de no repetir de candidato-, no lo reconocerá hasta el mismo momento de nombrar a un sucesor. Nadie duda de que si lo hiciera antes, la batalla entre 'sorayos' y 'cospedalos' sería de proporciones bíblicas. Rajoy anunciará, si lo hace, que no opta a la presidencia del Gobierno en una Junta Directiva Nacional en la que, además, designará a su sucesor. Y lo propondrá como nuevo presidente del partido o únicamente como aspirante a la presidencia del Gobierno. Me imagino al líder popular, encuestas en mano, observando la caída de su partido a niveles que en los últimos sondeos no llegan ni al 25% de intención de voto. Y asumiendo que las últimas generales, cuando el PP alcanzó el 33% de apoyos, resultan ahora un porcentaje de apoyo muy complicado de alcanzar. El frente catalán sigue abierto, el de la corrupción que afecta a exdirigentes de su partido también, y la recuperación económica y del empleo parece lejos de hacer regresar al PP a esa parte de su electorado que un día decidió quedarse en casa o votar a Ciudadanos. Ningún dirigente del partido le dirá a Rajoy que sería conveniente que se apartara, por más que muchos de ellos tengan claro que no hay otra solución. El primero que se atreviera a hacerlo pasaría a ser considerado como un proscrito, poco menos que un infiltrado de algún otro partido en la organización popular. De manera que la decisión y el modo de hacerla pública corresponderán en exclusiva al presidente del PP. En su cabeza, probablemente, la convicción de que su perfil está muy lejos de calar entre el electorado más joven, incluso el que se considere conservador. Con 62 años, que serán uno más a finales de marzo, competir con Albert Rivera (38) o Pedro Sánchez (45) por los nuevos votantes resulta complejo. No lo dirá, porque ni puede ni debe, pero la decisión puede estar tomada.

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