CARA Y CRUZ BRUSELINAS

D. Burguera
D. BURGUERAValencia

Como no había estado nunca en Bruselas, cuando me dijeron de ir me puse bien contento. No había comprobado que los belgas soportan estos días temperaturas mínimas de hasta -5 y sus máximas no alcanzan los pírricos 5 grados sobre cero. En climas tan gélidos es lógico que los movimientos políticos sean más fríos. Tiene aquello sus cosas buenas y malas. Me acordé de Mendieta. Razonaba el futbolista sobre por qué él pensaba que la Premier, siendo futbolísticamente inferior a la Liga española es mucho más rentable. Explicaba Mendieta que un señor que quiera ver la final de copa allí sabe desde el pasado mes de agosto dónde y cuándo se jugará. Da igual si el señor es inglés o chino, y lo mismo sucede con las televisiones, o con la ciudad designada, que puede prepararse, generar negocio alrededor, planificar las cosas y, por tanto, sacarles rendimiento. Aquí sucede que hasta el último momento, hasta hace un par de semanas, no se supo dónde se jugará la final de la Copa del Rey y que se eligió un día que coincide con la jornada de Liga. Una chapuza. El trabajo no luce.

Con las cosas de la política pasa algo parecido. Es evidente que la UE se mueve a velocidad mastodóntica y que es incapaz de tomar decisiones con agilidad y también con valentía sobre temas peliagudos. Pero también es verdad que los que pululan por allí saben que cuando una reunión se organiza tal día, se acude ese día, a esa hora y de allí no se mueve ni Cristo hasta que no se sale con un acuerdo sobre el tema en cuestión. Tener capacidad de improvisar es bueno. Pero fiarlo todo a la improvisación es un desastre. Si yo fuera Compromís, por ejemplo, evitaría continuar haciendo gala de un modo de resolver los problemas con nocturnidad, siempre al borde de la ruptura, forzando las negociaciones hasta el último minuto. Si yo fuera el PP, por ejemplo, intentaría modificar la imagen de ser un partido tan jerarquizado que hasta que al líder no le salga de las narices no se sabrá quién será el candidato popular a la alcaldía de Valencia o a la de Alicante. Todo el mundo es dueño de sus tiempos, sí, pero los partidos políticos, siendo entidades privadas, viven única y casi exclusivamente del dinero público, así que los ciudadanos tenemos cierto derecho a pedir estabilidad. Algo parecido sucede en Les Corts. Tres partidos, tres, Ciudadanos, Podemos y el PP, tuvieron el cuajo de salir a decir públicamente que no habían tomado una decisión sobre la ley de los horarios comerciales, y que decidirían su voto la misma mañana del pleno en que debía aprobarse la ley, o no. El trabajo no luce. Viva el regate corto, la pillería, el beso robado en la puerta del cine. Ni tan bruselinos ni tan latinos, por favor.

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