La extrema izquierda domina la calle

La organización de las manifestaciones de los pensionistas y de las mujeres ha sido de Podemos

CURRI VALENZUELA

Podemos se está revelando como un partido político incapaz de consolidarse como una alternativa de gobierno, pero continúa demostrando su maestría para llenar las calles con descontentos, como los pensionistas o las mujeres, que aunque no acaben votando a Pablo Iglesias desestabilizan el sistema, que es el fin que persigue ese movimiento populista de extrema izquierda.

Lo hicieron con el 15-M y lo han vuelto a hacer dos veces en las últimas semanas organizando las manifestaciones de los pensionistas y de las mujeres. Porque la organización de ambas movidas ha sido suya, aunque hayan acabado siendo multitudinarias tras haber prendido la mecha entre los componentes de unos colectivos descontentos con su suerte, que además lo van a seguir estando en el futuro. Un planteamiento que recuerda mucho al de la izquierda en los días posteriores a los asesinatos del 11-M y que consistió -como ahora- en mover a las masas para conseguir en la calle lo que no puede lograr en las urnas.

Veremos repetirse las algarabías callejeras en los próximos meses. Agitar a los descontentos es muy fácil. Por mucho que se reúna el Pacto de Toledo no hay recursos para adaptar la subida de las pensiones al IPC y aunque Rajoy se ponga un lazo morado y el Gobierno elabore deprisa y corriendo un plan integral de ayuda a las mujeres, éstas van a seguir estando discriminadas. El machismo es un fenómeno social muy arraigado durante siglos y un porcentaje significativo de españoles no se va a hacer la cama porque lo diga una ley.

Llevaba razón el PP cuando acusaba a Podemos de estar detrás de las dos movidas y lo mismo Ciudadanos cuando anunció que no secundaba una huelga que en realidad no era feminista, sino anticapitalista. Ambos partidos han acabado callando cuando comprobaron que la convocatoria se iba a convertir en multitudinaria por la maestría de los convocantes en utilizar dos resortes fundamentales para manipular a la opinión pública: el manejo de las redes sociales y los medios audiovisuales, que en España están controlados por las dos cadenas de televisión privadas que actúan en duopolio auspiciado precisamente por el Gobierno de Rajoy. Sin su actuación, las manifestaciones de pensionistas y mujeres se habrían quedado en nada.

Mientras el PSOE ha seguido, como es habitual bajo la batuta de Pedro Sánchez, la estela de Podemos en estos asuntos, ni PP ni Ciudadanos se han atrevido a cuestionar cómo es posible que los sindicatos que jamás denuncian a una empresa en la que los hombres ganan más que las mujeres salen a la calle con pancartas críticas con esa brecha salarial ni de qué cemento está hecha la cara de un político que declara que «la azotaría hasta hacerla sangrar» en referencia a una presentadora de televisión que no le sigue la bola, después de lo cual organiza manifestaciones feministas.

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