Odio leer

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

Cuatro de cada diez españoles nunca leen un libro por placer, según el último barómetro sobre hábitos de lectura de 2017. Existe una inmensa mayoría que se adentra en las palabras a disgusto. Normal. Yo también odio hacerlo. Leer implica elegir entre lo interminable (títulos anodinos y obras necesarias); obliga a naufragar en un mar de ficción repleto de sufrimiento, ternura, horror y humor; conforma una manera de (des)aprender a vivir; resta horas de sueño y produce ojeras; genera turbulencias en las certezas propias; conlleva verse envuelta en un tsunami de reflexiones y sentimientos del que no se sale inmune; supone aceptar que nunca escribirás como Carmen Martín Gaite, Clarice Lispertor, Alejandra Pizarnik o Sylvia Plath; roba tiempo para hacer trámites burocráticos y entregarse a la rutina; acarrea el enfrentamiento a situaciones excepcionales y decisiones de vida o muerte... Cuando leo no soy yo, me transformo en otras personas que no guardan relación con mi día a día. Sí, definitivamente, odio leer.

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