¿Hasta cuándo?

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

Tenía 28 años. Los mismos que yo. No la conocía y, aunque quizá lo único que nos uniese (además de la edad) fuese esta comunidad, su muerte la he sentido muy cerca. Quizá, por ser mujer o, simplemente, por ser persona. Se llamaba Jessica Bravo y fue acribillada a tiros hace, hoy, una semana delante de su hijo de cuatro años. Cinco disparos. Cinco balas apagaron su sonrisa para siempre, pero dejaron latiendo un corazón que hoy busca receptor. Cinco impactos que mataron en vida a una familia y que golpearon cruelmente, de nuevo, a toda una sociedad.

Quien se atrevió a apretar aquel maldito gatillo fue su expareja. Un 'ser' -me niego a llamarle hombre- que se creyó con el derecho de arrebatarle a Jessy su bien más preciado: la vida. Ni el Código Penal, ni cuatro denuncias por maltrato, ni una orden de alejamiento sirvieron para ponerla a salvo de su asesino. ¿Cuántas más hacían falta?

Pero, terriblemente, no es la primera mujer asesinada por ese gran mal llamado terrorismo machista. Y, por desgracia, para mal de todos, seguramente, no sea la última. Rosa, Sofía, Cati, Valentina y Encarni son sólo algunos de los nombres que este año se graban, a sangre, en la funesta lista de víctimas mortales. Donde también hay niños. 44 vidas se ha llevado esta lacra por delante. Pero no, no son simplemente un número. Ni tampoco se mueren o fallecen, como si de un horrible accidente fortuito se tratase. Las matan. ¿Cuántas muertes hacen falta para detener esta barbarie? ¿Cuántas manifestaciones y pancartas? ¿Cuántas carreras solidarias? ¿Cuántas portadas de periódicos y aperturas de informativos? ¿Cuántos Pactos de Estado con ínfimos presupuestos de treinta millones, mientras otras partidas se cuentan por miles? ¿Cuántas juezas y jueces arrepentidos? ¿Cuántos sistemas fallidos? Empecemos por la educación, señoras y señores. ¿Hasta cuándo?

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