DESPILFARRO

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

Ya hemos llegado, otra vez, a la exasperante época del año del comprar por comprar. Del consumismo sin sentido y, en ocasiones, allí donde el poder adquisitivo lo permite, sin límites. De las envidias, pelusillas y comparaciones. Y de las largas colas para hacerse con el cachivache sexista (y nada educativo) de moda que todos los púberes demandan por imposición televisiva de las marcas. ¿Cuántas veces al año regalamos porque sí, porque toca, por exigencia de las fechas y las campañas comerciales de las grandes superficies? Navidades, San Valentín, bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, románticos aniversarios, rebajas... Y, últimamente, no satisfechos con tal acopio de señalamientos, nos hemos dispuesto a instaurar también los de otros, donde cualquier día de la semana resulta maravilloso para malgastar, sea el 'Black Friday' o el 'Cyber Monday'.

Por no hablar de la estúpida e indigna tendencia, cada vez más extendida, de agasajar a los pequeños estudiantes por no clausurar el trimestre en números rojos. Sea invierno, primavera o verano. Jóvenes ingenuos que, si el mercado lo permite, se tropezarán con un mundo laboral donde ya son inusuales las cestas navideñas y donde escasean los premios, las horas extraordinarias remuneradas, las subidas de sueldo y las palmaditas en la espalda (que ni falta que hacen). Donde deberán aprender, porque desgraciadamente no lo habrán entendido antes, que la mayor recompensa es la del trabajo bien hecho. La del orgullo propio y la dignidad personal. Pues, en la realidad de la mayoría de mortales, lo esperable es el resultado óptimo. Sólo el error acarreará consecuencias. Distinto es lo que sucede en las urnas, pues, a la vista del CIS, se condecora la incompetencia, la rebeldía mal entendida, la corrupción e ineptitud y se estimula el suspenso (político). En esto sí que hay despilfarro, de votos.

Fotos

Vídeos