Que la bruja no vuelva

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

Gabriel está en algún lugar con sus peces. La bruja del cuento ya no existe, está donde tiene que estar». La frase es de Patricia, la indestructible madre del niño de Almería. El último impacto del último crimen. Uno de esos que se te clavan en el alma, de padre o de ser humano. Como el de Bretón con sus dos hijos. El de Marta del Castillo y los que se mofaron (y aún se mofan) de la justicia. El de Diana Quer y la angustia de meses causada por un demonio reincidente. El de Mari Luz Cortés y el salvaje que acabó con su vida, y que ya había abusado de menores. El de Sandra Palo, golpeada, atropellada, quemada y humillada por una jauría de pandilleros. De tantos crímenes que ha habido. Y que habrá.

Que no se puede legislar en caliente, dicen los que apoyan que se derogue la prisión permanente revisable. Mañana se votará en el Congreso. ¿Y cómo legislar en frío, si cada año hay crímenes de esos que te revuelven las tripas? Sólo los antes citados abarcan los últimos 15 años. Imposible no legislar desde las vísceras. Con las víctimas en el corazón y en la cabeza, no con los verdugos. Yo en caliente (y en frío) digo que estoy harto de un país garantista, que mira siempre por los derechos de los malos y no por honrar a los justos. ¿Populismo? No, Justicia y legislar conforme a la realidad. La que se está dando, la que exige prisión permanente revisable y cumplimiento íntegro de penas con los asesinos de menores, depredadores sexuales y desalmados que se mean en el sistema. ¿O acaso no han servido el carné por puntos y las multas con radar para cortar las muertes en carretera? ¿O no fue la aplicación estricta de la ley la que tumbó a ETA? Yo miro a los ojos de mi hijo de nueve años, uno más que Gabriel, y lo grito alto y claro: que la bruja no vuelva.

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