Esta vez, no

El pueblo español y europeo estamos unidos en lo fundamental, queremos evitar lo que los nacionalismos excluyentes trajeron: odio, persecución y guerras

ANTONIO LÓPEZ-ISTÚRIZ WHITESECRETARIO GENERAL PPE Y EURODIPUTADO

La semana pasada, durante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo y a raíz del debate sobre los acontecimientos en Cataluña, vi y oí resurgir el ancestral fantasma de los prejuicios y las difamaciones que sobre nuestro país, España, vierten aquellos cuya estrategia final es simplemente dinamitar el proyecto de la Unión Europea.

En ese pleno y junto con el resto de los compañeros de la bancada popular española y europea asistimos una vez más al espectáculo de las extremas derecha e izquierda atentando contra la dignidad de todo un país. La pira fue cuidadosamente preparada por eurodiputados de Podemos, de la extrema derecha y del más rancio y radical nacionalismo, con el sólo objetivo de sacrificar las democracias española y europea. Es la política de la tierra quemada. Valga como trágica ilustración el hecho de que Ramon Tremosa, eurodiputado del PDeCAT dejase las filas liberales y se sentase durante el pleno con la ultra derecha de Marine Le Pen o Nigel Farage, a los cuales repartió esteladas. Con su habitual escrúpulo democrático, y respeto por nuestro país, el presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, mandó retirar las banderas ilegales.

Manchar y violentar los símbolos y el prestigio de España son la triste tarea diaria de estos representantes del pueblo español elegidos en los comicios europeos en el 2014. Inmersos en su podredumbre moral y ética son perfectamente insensibles al daño que hacen al pueblo español en su trabajo diario. Todo vale con tal de ocultar su pérdida masiva de votos y apoyo social en las últimas elecciones generales tanto en Cataluña como en España. Porque no nos equivoquemos, para ellos todo esto es pura matemática electoral para mantener en tensión a su cada vez más exigua base electoral. Lo dicen todas las consignas de la hoja de ruta incautada al Govern. Ante todos los escenarios contrarios a sus planes, la misma estrategia: «Aumentar el conflicto».

Frente a esta minoría sediciosa y obtusa, la mayoría del pueblo español y de los gobiernos europeos y de las instituciones europeas han reaccionado con la sólida defensa del orden constitucional y del respeto a la ley.

El pueblo español y europeo estamos unidos en lo fundamental: queremos evitar lo que los nacionalismos excluyentes trajeron a lo largo de la vieja, pero no olvidada historia de Europa: odio, persecución y guerras. No es la primera vez en la historia que tras una desoladora crisis económica, los extremismos y los nacionalismos intentan nutrirse del desencanto para violentar la democracia, levantar muros y construir fronteras excluyentes.

Y Europa ha oído el clamor popular, el de millones de españoles que quieren una convivencia pacífica y próspera dentro del marco de la ley. Diálogo, sí. Pero no diálogo trampa. Ni diálogo coartada. Diálogo democrático, respetuoso con el orden constitucional. La trágica sangría de empresas catalanas que huyen de la inseguridad que les ofrece el Govern tendría que ser un signo más de que querer sus tierra es querer lo mejor para su tierra. Y que lo mejor es la seguridad, la previsibilidad y el orden económico que enmarcan nuestras normas básicas de convivencia. Podemos aspirar a muchas cosas, incluso como reconoció nuestro presidente del Gobierno a cambiar nuestras normas básicas. Pero no podemos aspirar a secuestrarlas, a romperlas impunemente o a hacerlas pasar después que la política de hechos consumados.

Muchos son los europeos que hoy miran con temor y preocupación a los fantasmas que agitan en Cataluña una minoría radical, porque saben que la onda expansiva puede extenderse al resto de Europa. Todos juntos, superando nuestras fronteras, nuestras diferencias, podemos hoy decirle a los radicales: esta vez no. Esta vez no nos arrastraréis hacia el caos antidemocrático con vuestro nacionalismo trasnochado y vuestras enseñas de odio, porque hoy hay un proyecto más elevado. Un proyecto de una España democrática surgido del consenso de la transición en el seno de un proyecto europeo de unidad y concordia. Esta vez somos más y mejores, y ganaremos esta dura batalla por el bien de España y Europa.

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