HALLOWEEN PERMANENTE

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

No ganamos para sustos. Las generaciones en este país se dividen entre los que de su infancia recuerdan el 1 de noviembre con la abuela encendiendo un cirio en un vasito de plástico rojo y los que los rememoran con un disfraz comprado en el chino del barrio, lucido con más o menos traza. Eso de las calabazas y el «truco o trato» era más de episodios de serie americana que echaban en verano, entre el de Acción de Gracias y el especial Navidad de 'Los problemas crecen' a 35 grados a la sombra de la España de la canícula.

El miedo de la noche de difuntos no era en plan Disney, con sus espectros muy blanditos, Frankenstein tontorrones y vampiros de largos colmillos y un corazón de oro, sino de siniestros espíritus que encanecían los cabellos del inconsciente enamorado que se adentraba en una iglesia toledana en la Noche de Difuntos o de inmisericordes espectros que guardan el Monte de las Ánimas, en las leyendas del poco a poco olvidado Gustavo Adolfo Bécquer.

Careciendo en este país de esa exquisita capacidad para el punto medio de la que hacen gala otras tierras. Aquí tenemos que pasar de la épica a la parodia en un parpadeo y con Cataluña no se podía ser una excepción. Si la declaración de independencia del 27 de octubre parecía el punto de no retorno, en menos de una semana se ha transitado en las calles de Barcelona del «No passaran» a la aceptación por parte de las fuerzas 'indepes' de la intervención de las instituciones catalanas por parte del Gobierno central para poder presentarse a las elecciones autonómicas, no vaya a ser que se queden fuera del Parlament y de los fondos públicos españoles y con los que hacer miguitas de pan para tantas bocas que alimentar.

Por si esto fuera poco, el problema viene acompañado de una onda expansiva en la que de Vinaroz para abajo nos estamos viendo afectados. Si hace unos días eran las entidades internacionales de turismo las que advertían que al contratar un viaje no se estudia geografía y Madrid y Valencia dejan de ser plazas tranquilas para quien ve desde el extranjero la tensión de Barcelona, ahora es la patronal valenciana CEV la que echa cuentas y frunce el ceño.

A falta de una medición más precisa y con las datos que someter al microscopio, ya se teme que la recuperación valenciana se va a frenar hasta el 3,2% y el empleo no podrá bajar del 17%. Hace un par de años habríamos firmado por esos datos, pero hoy el hambre de mejoría no se debe a la gula sino a las miserias que hemos pasado desde 2009.

Cargar con los efectos de los propios errores no es un consuelo, pero tiene al menos un punto de justicia. Sin embargo, tener que pagar por los platos rotos de otro pica y mucho. Esperemos que no nos toque tener que sacar la cartera más veces de lo que sería deseable entre trucos y tratos.

Fotos

Vídeos