Una oferta siniestra

No cabe convertir las pensiones más bajas en rehenes de intereses políticos

IGNACIO GIL LÁZARO

Los trabajadores tienen derecho a vivir su jubilación protegidos por un sistema público de calidad asistencial y suficiencia económica. Sin embargo, en España ese principio renquea. La pensión media es muy baja. Las devengadas por viudedad y las no contributivas son las peor dotadas del conjunto. Pensiones de miseria. El pasado miércoles el presidente del Gobierno afirmó que si se aprueban los Presupuestos Generales del Estado subirá esas pensiones según el incremento del IPC pero que dicho cálculo de actualización no regirá más allá del año en curso. Una oferta siniestra a tenor de su enunciado porque no cabe convertir las pensiones más bajas en rehenes de intereses políticos. Desviación que repudia a cualquiera que tenga un sentido cabal de cuanto exige de verdad la solidaridad con los más débiles. Ese es el problema principal de este Gobierno. No captar a tiempo el pulso de la calle. Aducir la bonanza macroeconómica suena a cuento si sus efectos no llegan a la vida cotidiana de la gente. También a los pensionistas. Es cierto que la actual legislatura nació muerta y sigue muerta. El Gobierno carece de mayoría para impulsar medidas legislativas y en el Congreso no existe tampoco un clima sereno de negociación entre los grupos en orden a lograr una estabilidad responsable que atienda a las necesidades de fondo de la sociedad española. Por eso todo va yendo según determina el cálculo electoral de cada asunto. Se ha visto igualmente esta semana con ocasión del debate sobre la prisión permanente revisable. Demagogia izquierdista a ultranza. Gestos y frases gruesas. Una auténtica vergüenza. En semejante contexto la suerte inmediata del Gobierno pasa por lograr que ciento setenta y seis diputados respalden el proyecto presupuestario que va a remitir a la Cámara baja antes de finalizar el mes de marzo. Apoyo parlamentario que aquel por el momento no tiene. Sin embargo, Rajoy sabe que si al fin consigue ese respaldo podría mantenerse a flote hasta entrado 2020 en las mismas condiciones que ahora, sin necesidad de aprobar otros Presupuestos. Eso desde luego salvo que él mismo decida anticipar las elecciones generales haciéndolas coincidir con las europeas, locales y autonómicas del año próximo. Baza a priori no descartable a tenor de la tendencia descendente que el PP viene experimentando en las últimas encuestas. El reto sería entonces jugárselo todo a una para intentar minimizar la magnitud del batacazo. Sea como fuere el regate actual a las pensiones más humildes es un feo golpe de efecto para maniobrar en la lid presupuestaria con voluntad cortoplacista. Algo muy distinto del tratamiento serio que requiere un problema tan complejo. En definitiva, pobres y viudas convertidos hoy en moneda de cambio de la clase gobernante. Cambalache que no casa con la atención objetiva urgente a los sectores sociales más precarios. Lo dicho. Otra falta de empatía y una nueva torpeza.

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