Ofendidos con el Ministerio de Defensa

Te puedes imaginar la escena, las tropas atrincheradas y el reparto de menús; éste con gluten, éste sin gluten...

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Debía de tener 18 años cuando me encaminé a la Caja de Reclutas en la calle General Gil Dolz, en los cuarteles de la Alameda, tras haber recibido una carta del Ministerio de Defensa en la que se conminaba al mozo Pablo Salazar a pasar la correspondiente revisión médica para su futura incorporación a filas. Después de guardar cola, el encargado me preguntó, «¿algo que alegar?», a lo que, señalando mis gafas de culo de vaso, contesté, «sí, esto», por lo que me dirigieron al oftalmólogo para que me hiciera las correspondientes pruebas de vista. Meses después recibí una segunda misiva del departamento, que por aquel entonces creo recordar que comandaba Alberto Oliart, y en la que secamente me informaban de que el mozo Pablo Salazar había sido declarado «inútil total». Como tantos otros de mi generación, no tenía ningunas ganas de ir a la mili, por lo que el ser calificado no ya de inútil sino de inútil total no consiguió rebajar un ápice mi autoestima. Sí que es cierto que con el paso de los años llegué a la convicción de que tal vez el Ejército había sido un poco tajante, blanco o negro (muy español, por otra parte), y que aunque es probable que yo no estuviera para salir a pegar tiros al enemigo en el campo de batalla, no fuera que me equivocara de bando y acabara disparando a los míos, al menos podía servir para llevarle el café al comandante, o al capitán, pero el caso es que aquello no me dejó secuelas, no me hizo sumirme en una profunda depresión, ni me llevó a un estado de desesperación, desconfianza y negatividad. Leo ahora que una Federación de Asociaciones de Celíacos de España considera que el Ministerio de Defensa «denigra y discrimina terriblemente al colectivo celíaco» con su decisión de no permitir su acceso a las Fuerzas Armadas. Ya sé que la carrera militar se plantea hoy como una alternativa no tanto vocacional como laboral y profesional para unos jóvenes que tienen cada vez más difícil encontrar un empleo con mínimas garantías de estabilidad. Para nosotros, el ser declarados no aptos era un chollo, un premio de la lotería, mientras que en la actualidad es una puerta que se cierra. Entiendo, en fin, la contrariedad del colectivo, pero me llama la atención lo de que Defensa «denigra» a los celíacos, esa piel tan fina que se nos ha formado con los años y que provoca que saltemos a la menor ocasión. Yo supongo, o quiero suponer, que lo que Cospedal intenta es no tener que llevar menús especiales sin gluten a los soldados españoles atrincherados en una misión especial, pongamos por caso en Afganistán, éste normal para el sargento, éste sin gluten para el cabo, éste normal para el brigada..., pero no creo que en su ánimo ni en el de su departamento estuviera insultar, vejar, ofender, menospreciar, humillar, ridiculizar y avergonzar a los celíacos, que bastante tienen con serlo. Conmigo, el ministro Oliart no lo consiguió. Aunque, como siempre digo, yo es que debo de ser muy raro.

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