OBRAS SON AMORES

IGNACIO GRANDE

Nuestra sociedad posmoderna corre el riesgo de volverse profundamente individualista. De hecho, muchos de los actuales problemas se relacionan con el «inmediatismo egoísta actual» y con las dificultades para el reconocimiento del otro. Corremos el riesgo de que nos importe única y exclusivamente nuestro bien personal, el tener o incluso el aparentar. No es malo, ni mucho menos, el deseo de vivir mejor, pero es equivocado el estilo de vida que presume como mejor, cuando está orientado al tener y no al ser. Por ello, es necesario esforzarse por implantar estilos de vida tendentes a construir una sociedad que se preocupe por el bien común. No sólo se han de modificar estructuras, cambiar modelos de empresas, políticas, etc., sino que es una labor que nos compete a toda la sociedad. Si estamos dispuestos a modificar nuestros hábitos de vida o a reconocer en el otro a alguien digno de ser querido, la sociedad podrá ser transformada en dirección al bien común, que es un derecho que tenemos el deber de construir y garantizar.

Construir un estilo de vida diferente, forjado en obras y acciones contundentes, no es tarea sencilla. Es necesario valentía y coraje moral para ir en contra de un mundo que nos empuja en una dirección diferente. Sin embargo, la recompensa de avanzar en una dirección más humana es gratificante, ya que nos ayuda a hacernos mejores personas. Y en este marco de trabajo por el bien común, de reconocimiento de que «todos somos nosotros», tenemos que reivindicar que «los últimos» han de ser «los primeros», los preferidos. Son muchos «los hermanos abandonados en el camino» por diversas causas y factores. Debemos dar prioridad a aquellos que están en una situación de vulnerabilidad construyendo una sociedad basada en derechos universales que ponga a la persona y su dignidad en el centro de la acción. Y para ello urge impulsar un mayor papel del individuo que se siente cada día más capaz de poner en marcha iniciativas sociales destinadas a la construcción de espacios de desarrollo comunitario, que faciliten la interrelación y la recreación de redes de solidaridad creadoras de puentes y facilitadoras de una, tan anhelada, cohesión social.

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