Los nuevos braveheart

Arsénico por diversión

El sistema está tan anquilosado que es incapaz de reaccionar ante sus propios errores para cambiarlos

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

La nueva política parece de todo menos nueva. Sin embargo, hay un aspecto que resulta interesante porque va creciendo más que los partidos creados en estos últimos años. Me refiero al nacimiento de líderes que niegan el propio sistema. La rebeldía siempre fue una virtud alabada en las grandes figuras de la Historia, desde Sócrates a Juana de Arco o Malala. La clave, en su caso, era que luchaban contra un entorno opresor que les condenó injustamente. En cambio, los actuales presentan como enemigo un sistema adoptado democráticamente por los ciudadanos y que éstos pueden cambiar sin enfrentarse a él. La lucha interpretada como liberación da como resultado los nuevos braveheart que, como el héroe escocés, van corriendo, espada en mano, contra unas murallas que, sin embargo, no necesitan derribarse, sino únicamente apretar un botón para bajar el puente y poder cruzar.

En estos días de zozobra independentista tenemos un nuevo caso de este tipo. Ha nacido una estrella: Anna Gabriel. Aunque tiene nombre de artista lo suyo es la militancia y el activismo y sigue la estela de Ada Colau, creada también en la lucha contra los molinos de viento, en su caso, de las hipotecas abusivas. El sistema está tan anquilosado que es incapaz de reaccionar ante sus propios errores para cambiarlos. Así, los nuevos braveheart consiguen encumbrarse tanto si tienen éxito como si no. Es más, sobre todo, si no. Si les prohíben hablar, si les niegan la convocatoria o si les impiden celebrar un acto. El éxito está asegurado porque, si hablan, su mensaje llega pero, si no, llega más lejos aún. Es la mejor consecuencia de estar contra el sistema. Éste no ha inventado todavía formas de erradicar sus peligros sin que éstos se beneficien de su estrategia de supervivencia.

Lo interesante llegará cuando estos braveheart tengan que decidir, en una versión playmobil de Joc de trons, quién es el líder o la lideresa supremos. El estrellato de Anna Gabriel puede eclipsar al de Ada Colau o el de Rufián Multifunción al de Pablo Iglesias. La siguiente temporada de la serie puede resultar mucho más entretenida que los primeros episodios donde se nos presentan los protagonistas. Sobre todo, cuando intenten posicionarse sin que la competencia les robe planos de televisión. Ciertamente, su guerra, como el patio de mi casa, es particular pero cuando llueve se mojan y tendrán que hacerlo en breve. En cualquier caso, la guerra no nos corresponde a los demás. Nuestros esfuerzos deberían centrarse en cómo hacer que esas estrellas fugaces nacidas del mitin y crecidas en la prohibición del mitin no sigan aprovechándose de la incapacidad del sistema democrático para frenar la producción de estrategias contra la propia democracia. Es algo que estamos sufriendo desde la llegada al poder de Hitler; hemos visto con Pinochet o con Putin y observamos crecer poco a poco en nuestro entorno si acabar de reaccionar.

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