El novio de la muerte políticamente correcto

Belvedere

El gabinete de crisis de la izquierda prepara una letra alternativa acorde a los tiempos y públicos tuiteros

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Tenía que pasar, la izquierda exquisita, el mundo radical supuestamente progre, los que nos dan lecciones a todos los mortales acerca de la tolerancia y la libertad de expresión -que al parecer incluye la quema de retratos (¿tirar libros a la hoguera como hacían los nazis también sería entonces un derecho ciudadano?)-, los que reparten carnés de demócrata, todo ese extraño batiburrillo en el que igualmente participan antimilitaristas, separatistas catalanes, vascos y valencianos que se dicen catalanes, anticapitalistas y perroflautas, andan escandalizados estos días porque en España se sigue celebrando la Semana Santa -¡la Semana Santa!- y, lo peor de todo, porque en Málaga desfila la Legión portando una imagen de Cristo y cantando 'El novio de la muerte'. Intolerable. En el Estado aconfesional con el que sueñan y al que aspiran, la religión (católica, por supuesto, que de las otras no hablan, no se atreven) estaría confinada y recluida en los templos, unos edificios por los que la Iglesia debería pagar unos elevados impuestos que, como es muy probable que no pudiera abonar (entre otros motivos, porque si lo hiciera dejaría de atender a las personas, familias y colectivos necesitados a los que ayuda a subsistir), conduciría a la futura expropiación de estos inmuebles para otros usos, un casal popular por ejemplo, con lo que mataríamos dos pájaros de un tiro. Legionarios con el fusil al hombre y escoltando una imagen de Jesús crucificado mientras cantan un himno que habla de muerte, valor, sacrificio, compañerismo, Patria, bandera... ¡qué horror!, ¿a dónde vamos a ir a parar?, se preguntan indignados. Ni por un momento se paran a pensar que España es un país católico por historia, por tradición, y que la secularización de la sociedad civil que se ha vivido desde hace más de medio siglo no ha acabado con costumbres festivas que mezclan la devoción con el folclore, las creencias con la parafernalia, y que están muy arraigadas en amplias capas de la población, lo mismo da que sean de derechas o de izquierdas, ricos o pobres, andaluces o gallegos, mayores o jóvenes. No lo pueden llegar a entender, es superior a sus fuerzas. Al menos, mientras no alcancen el Gobierno, su intención sería que si tienen que seguir desfilando los legionarios por las calles de Málaga, si no hay más remedio, que lo hagan con una versión 2.0 de 'El novio de la muerte', de manera que se sustituya lo de «Soy un hombre a quien la suerte/hirió con zarpa de fiera,/soy un novio de la muerte/que va a unirse en lazo fuerte/con tal leal compañera» por una nueva letra inclusiva, paritaria, sostenible y progresista que quedaría tal que así: «Soy un hombre, mujer o LGTBI a quien el capitalismo salvaje y la religión (católica)/hirió con zarpa de fiera/soy una pareja (novio suena franquista) de la alianza de civilizaciones/que va a unirse en lazo (¿amarillo?) fuerte/con tan leal compañera». Que sin duda es lo que la gente quiere. ¿O no?

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