LA NORMA DREXLER

ÁLVARO MOHORTE

Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da. Nada es más simple, no hay otra norma: Nada se pierde, todo se transforma». La cita es del uruguayo Jorge Drexler y un millar de personas la cantaron a coro el pasado viernes en el Palau de les Arts de Valencia, durante el recital de este médico que colgó el estetoscopio al poco de licenciarse y ha curado más espíritus que enfermos habría logrado sanar. La razón de este cambio de ruta en su vida fue su pasión y arte con la música, pero también el haber podido empezar a vivir de cantar y tocar la guitarra, algo que logró hace ya casi tres décadas, precisamente en el hoy desaparecido Café Berlín del Barrio del Carmen.

En este primer concierto por el que cobró, jugó el azar de una novia valenciana y alguien con ojo para eso de los artistas prometedores. Drexler lo cuenta cada vez que toca en Valencia delante de un público que repite siempre que puede, ya sea para oírle en recitales en solitario en teatros, acompañado de su banda en locales cerrados o precedido de Marlango, el grupo de su pareja, la también actriz Leonor Watling, una cálida noche de verano en los Jardines de Viveros.

Algo tiene el agua cuando la bendicen y lo mismo ocurre con las canciones que, si tienen un éxito duradero, suele ser por enhebrar la aguja que permite coser desgarros de ropa vieja o hacer pespuntes para la nueva.

Esta semana se cumplía cinco años del plan de reestructuración de Bankia por parte de José Ignacio Goirigolzarri, un plan de transformación que ha logrado reflotar un barco hundido. Pese a tener pendiente definir su nueva ruta, al menos no mantiene en vela a los ahorradores que se llegaron a temer lo peor en 2012. A cambio de 22.424 millones públicos recibidos con el rescate y aplicar unas medidas de ajuste tan dolorosas como necesarias, ha llegado la hora de dar y son muchos los valenciano que vuelven a confiar en la entidad, haciendo que incremente depósitos y recursos gestionados.

Por su parte, quienes estaban al timón del banco mientras se fraguaba el agujero van a tener que sentarse en el banquillo, como estableció la Audiencia Nacional al anunciar la apertura del juicio oral hace unos 15 días. Quizás no sean todos los que están ni estén todos los que son, pero demuestran que las decisiones pueden tener consecuencias (u ojalá las tengan para los que sean realmente culpables).

La vida es un juego de espejos, una partida de frontón en la que el raquetazo que se da vuelve, en ocasiones, tras un requiebro inesperado que hace ganar un tanto o perderlo. El ladrillo que se fue vuelve con fuerza, aunque sus dueños ahora sean fondos de inversión. El turismo llena las calles, aunque haya que trabajar en que no se convierta en una nueva burbuja. Habrá que seguir girando con ganas la rueda que todo lo transforma.

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