Su nombre en vano

Arsénico por diversión

El PP sabe dónde le duele el zapato a Podemos e intenta evidenciarlo

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Ocurrió hace unos años en Italia. La izquierda radical italiana siempre había utilizado el referéndum como arma política. Cuando los votos no le daban la capacidad de decisión, movilizaban a sus huestes para que votaran en referéndum contra una ley o a favor de otra. Era un 'pablismo' avant-la-lettre. Hasta que un día consiguieron las firmas suficientes para convocar una consulta contra la ley de reproducción asistida con el fin de sustituirla por una parecida a la de Zapatero. Entonces, quienes se movilizaron fueron los católicos en defensa de la vida con una campaña muy seria, nada estridente y capaz de concitar el apoyo de otras confesiones religiosas e incluso de no creyentes. El resultado fue una clamorosa falta de quorum que invalidó la consulta. Habían ganado usando sus mismas armas en un terreno que tenía controlada la izquierda.

Aquí está pasando algo así con la polémica en torno al homenaje a Miguel Ángel Blanco, las pancartas y movilizaciones por las víctimas de ETA. He de reconocer que la estrategia no parece inocente pero así es la política. Me refiero a que el PP sabe dónde le duele el zapato a Podemos e intenta evidenciarlo. Es legítimo. También la oposición busca el modo de forzar una toma de postura en el gobierno ante determinados hechos solo para que se sienta obligado a pronunciarse. De hecho, acabamos de ver banderas multicolor y presencia en las carrozas del Orgullo de políticos que, a priori, no hubiéramos imaginado en esas circunstancias. Pero a ver quién es el guapo que no se manifiesta en su apoyo.

Así, lo que ha hecho el PP forzando el posicionamiento de determinados ayuntamientos o líderes de izquierda en relación a Miguel Ángel Blanco tiene mucho de efecto calculado. Ahora bien, sea cual sea la finalidad última no debe impedirnos analizar la iniciativa como lo que es: el recuerdo agradecido de todo un país a quienes son mártires de la democracia. En especial, a un joven cuya vida, segada injustamente, fue fructífera porque hizo que la sociedad española, y sobre todo la vasca, diera un puñetazo en la mesa y empezara a perder el miedo.

Que eso lo utilice o no el PP es un problema del PP. Ni somos tan ingenuos como para pensar que levantar la bandera de Ermua es inocente, ni tan estrategas como para desautorizar todo homenaje por su rentabilidad política. Las víctimas los merecen. Uno y un millón. Y los españoles merecemos unos partidos que no nos mientan, como diría el clásico. Si ponen en el mismo plano a las víctimas del terrorismo y a sus asesinos, los ciudadanos debemos saberlo. Y ellos, asumir las consecuencias. Recordar a Miguel Ángel por puro cálculo es ruin pero no es menos vil dejar de hacerlo por la misma razón. Y a quienes se les llena la boca hablando de «la gente», habrá que recordarles que el terrorismo no va contra unas siglas ni contra un gobierno sino contra la gente y su derecho a vivir en paz y libertad.

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