LA NOCHE MÁGICA

Mª ÁNGELES ARAZO

El tema del Nacimiento de Cristo fue el preferido de los artistas, ya que la grandeza y el misterio que lo envuelve, además de emocionar, es el más caudaloso por la belleza que inspira.

Tanto que antes de que Jesús ocupara la cuna de la pobreza en la cueva, los días que se anticipan a la noche del 24 de diciembre constituyen una cadena secuencial de hechos cotidianos protagonizados por la familia, especialmente por María, la joven madre que apoya sus manos en el abultado vientre y medita.

Nos enfrentamos a la iconografía titulada 'Madona del parto', no basada en pasajes especiales de los Evangelios canónicos, ni apócrifos, que destaca en la Gallerie dell'Academia de Venecia.

A los artistas italianos pertenecen las más humanas Madonas gestantes que se pintaron, sobresaliendo entre ellas la de Piero Della Francesca, que se admira en el Museo Civico Monterchi, de Arezzo.

Con la mano derecha, María abre el traje mostrando el vientre en avanzado estado; una actitud habitual, frecuentísima en las mujeres que arquean ligeramente la espalda, para apoyarse delicadamente en los riñones.

Esta Madona del Parto (h.1476-1483) plasmada con todo realismo, no queda exenta de belleza plástica, ya que aparece entre dos ángeles de pronunciadas alas que descorren los cortinajes de una tienda tabernáculo, de aire oriental, que nos remite al Arca de la Alianza por el colorido y la riqueza de los brocados, oro sobre azules y granas.

La controversia sobre si María sufre o no dolor durante el parto queda en un interrogante sin respuesta. Todas las Madonas de la gran víspera muestran una serenidad apacible, risueña pero no exultante.

María parece gustar de la soledad, en espera de la Noche Mágica, de la Nochebuena, cuando dará a luz y cantarán los ángeles porque el Niño Dios nació para darnos la gran lección del amor, el perdón, la humildad y la paz.

La lección tan repetidamente olvidada.

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