NO HAY MÁS QUE LO QUE HAY

BURGUERA

Comía el miércoles con unos muy buenos amigos en un restaurante chino e íbamos repasando cómo iba el día a día de cada uno. Conté que hace un par de semanas fui a Bruselas y esas cosas. Contó otro una historia sobre posibles negocios y esas cosas. Y mientras, a mi lado estaba Eva, callada. Callada, hasta que abrió la boca casi pidiendo perdón, y apareció una realidad. Otra. Ayer, el PP arremetió contra Ximo Puig porque «no pinta nada ni en la Comunitat ni en Madrid», y le replicó el número dos del PSPV, Jose Muñoz: «Hoy por hoy el único problema que tiene la Comunitat es la sumisión del PPCV a las órdenes de Génova». Pues muy bien, muchachitos, muy bien. En la página 5 de LAS PROVINCIAS de este sábado, firmado por Daniel Guindo, aparece una estadística: los adolescentes valencianos están a la cabeza de España en el ranking de los que más beben y se emborrachan, y entre los que más fuman y se hacen porros. Esa estadística se conecta a la realidad que combate Eva, trabajadora social, realidad por la cual a una chica a la que no pueden sacar de una casa con conflictos muy serios le han facilitado un móvil para que se comunique con el mundo exterior, para avisar de si le pegan, si le acosan o si pasa cualquier asunto brutal de los que suceden todos los días. Ocurre en esa otra realidad donde se soluciona un problema de conducta sin rascar mucho más, pues emerge una ciénaga sistémica, no puntual, de gente metida en líos muy feos que nadie sabe cómo resolver.

Conozco a una mujer, la conozco bien, que escribe con groseras faltas de ortografía, que le cuesta leer correctamente, pero que aprendió a bajarse una aplicación al teléfono móvil para grabar las llamadas que recibe de la expareja de su hija, un agresor de manual, que llama una y otra vez. Conozco a niños cuyos padres no acuden a las reuniones con la profesora desde Infantil. No han ido nunca en ocho años. Hay críos que juegan a hacerse cortes en los brazos y ver quién aguanta más, señores de 50 años que fueron despedidos hace cinco años y se están haciendo a la idea de que quizá no trabajen nunca más. En Valencia hay chicas que hablan con potenciales clientes por 20 euros. De día y de noche, desde hace décadas. Muchas familias no pueden pagar extraescolares a sus hijos. Muchas. Más de lo que parece, y el ocio de esos chavales, si hay suerte, está en algún taller social de actividades formativas, orientadas a un futuro sin estudios. Eso ocurre muy cerca de nosotros, que hablamos de Bruselas y vamos apretaditos para llegar a fin de mes, cierto. Hay mujeres que no saben si llegarán al final del día vivas, niños que no saben si cenarán porque con la comida del 'menjador' (al que van becados) ya tienen que ir servidos. No hay más. Esto es lo que hay.

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