Nieva sobre el PP

Los perjudicados a la larga no son los conductores, sino el Gobierno, que no tomó medidas para evitarlo

CURRI VALENZUELA

Algo va mal, muy mal, en un Gobierno cuando echa la culpa a los ciudadanos o a las empresas privadas de los errores que comete en su gestión de las funciones del Estado. El temporal de nieve del fin de semana de Reyes que dejó tiradas en las carreteras en situaciones muchas veces límite a miles de familias fue de los que se recordarán durante bastante tiempo. Pero los perjudicados a la larga no han sido esos ciudadanos que permanecieron horas y horas abandonados su suerte, sino el Ejecutivo, que no tomó medidas para evitarlo ni antes ni hasta muchas horas después. Lo que le faltaba al PP.

Demasiado error para un Gobierno que presume mayormente de su buena gestión, justo en el momento en el que no ha salido del bache de sus pésimos resultados en las elecciones catalanas que, por mucho que Rajoy lo quiera disimular, han representado una censura a su manera de actuar frente al desafío independentista. El PP se marchó de vacaciones de Navidad sin haber digerido esa derrota. Sus dirigentes han vuelto a Madrid desmoralizados por los episodios registrados durante el temporal de nieve. Ellos y sus barones territoriales se preguntan, como muchos ciudadanos, si no será que el Ejecutivo de Rajoy ha entrado en una etapa de descomposición similar a la registrada por los últimos meses de mandato de Zapatero, cuando todo salía mal, como en una ristra de despropósitos cada día mayores.

Sorprende que un Rajoy que no hace tantos años pidió la dimisión de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, después de un caos por temporal de nieve similar al del pasado domingo, consienta que sus ministros busquen el recurso de echar balones fuera cuando pecan de lo mismo. El de Fomento, responsable de que las carreteras nacionales estén transitables, fuera de Madrid no se sabe dónde; el de Interior, en Sevilla. Y el director general de Tráfico, el que se tiene que ocupar de que la DGT informe del estado de las carreteras, ausente también mientras los motoristas se metían en las ratoneras de las autopistas llenas de nieve sin que los carteles de la DGT les advirtieran de los peligros.

Más sorprende aún que Rajoy no sólo no haya cesado a alguno de ellos, o a los tres, sino que les haya permitido que echen la culpa a los conductores o a las concesionarias de las autopistas. Claro que la parálisis que se ha instalado en Moncloa después de las elecciones catalanas hace juego con la de la crisis de la nevada. Ni siquiera se ha admitido la dimisión de García Albiol, el candidato que obtuvo cuatro escaños, o mucho menos aún cuestionado por parte del presidente el papel desempeñado por la vicepresidenta de su Gobierno, creadora de la estrategia catalana del PP. En un momento en que las encuestas castigan a los populares mientras Ciudadanos les amenaza con sobrepasarles como el partido referente del centro derecha en España, el Gobierno puede permitirse muy pocos errores; como el de su gestión de la tormenta de nieve, ninguno más.

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