EL NEGRITO LECTOR DESAPARECIÓ

Mª ÁNGELES ARAZO

Desde hace tiempo, bastantes años, mantengo un archivo mental/sentimental sobre las figuras o símbolos de carácter mercantil que van desapareciendo de nuestras calles, sobre los que imaginaba historias, a la vez que me satisfacía su permanencia. Dije adiós a las cucharas de madera de la calle de la Carda, a los torreones de la calle de las Cestas -como su ángel de plata-; al sonriente mayordomo que anunciaba Netol, a la Manota de Guantes Camps, a la Labradora de Bolsería y un largo etcétera, pero al Negrito de la calle de las Comedias seguía manteniéndolo como vencedor. Sin embargo, se ha ido. ¿Se lo han llevado? ¿Está castigado en algún rincón? El negro de los tiempos del saxo ha sido uno de los queridos reclamos publicitarios más conocido de los comercios de abolengo. En figura de terracota, de tamaño natural, estaba en el interior de la tienda, sentado en un sillón, con un periódico desdoblado en las manos. Tenía la apariencia de hombre adinerado, de haber triunfado en el jazz y haber elegido con exquisitez los muebles.

El comercio de la calle de la Nave esquina a la del Patriarca databa de 1903; y se llamó en un principio 'El Telegrama Industrial'. Lo fundó Ramón Lliso Burgal, de Alboraya, quien introdujo en Valencia la fabricación de sillerías de junco, mimbre y médula. El diseño y la perfección del acabado sobresalieron tanto que 'El Telegrama Industrial' consiguió Medallas de Oro en la Exposición Regional y Nacional. A destacar que los primeros trabajadores para la pujante empresa fueron los presos de San Miguel de los Reyes, quienes tiempo después pasarían a la plantilla de la fábrica que Lliso Burgal abrió en Tabernes Blanques, donde permaneció hasta 1959. La querida figura del Negro la compró a un anticuario de Bayona; le gustó por su realismo y nunca imaginó la grata impresión que iba a despertar en el público valenciano, que comenzó a llamar 'Casa del Negrito' o 'El Negrito' a 'El Telegrama Industrial'. Fue José Marqués Lliso quien de una forma oficial sustituyó el nombre ya impuesto por los ciudadanos, que hoy nos preguntamos por su historia y su final.

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