Necesitamos cartelitos explicativos

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Si es muy sencillo, lo que ya se hace con tantas otras cosas. Por supuesto en los museos, tú vas y no sabes de quién es una obra de arte pero al lado mismo de la pintura te lo pone, fulanito de tal, el año en que la hizo, el título, incluso la técnica utilizada. O en las fallas, de ahí viene lo de «la explicació de la falla», con la descripción de la escena, siempre aderazada de la sal gruesa que los artistas falleros saben repartir con maestría por el monumento. Y desde hace unos años también se estila mucho en los restaurantes de cierto nivel, esos que te ofrecen un menú degustación de diez o doce platos, una auténtica yincana en la que con cada aportación artesanal del cocinero de turno aparece el maitre o un camarero para contarte de qué va la cosa, ante lo que no te queda más remedio que poner cara de interesado, incluso de admirado, casi de extasiado, como diciendo «¡vaya tío!, ¿cómo habrá sido capaz de atreverse a combinar semejantes productos?, a mi nunca se me habría ocurrido hacer esta espuma de garbanzos, arándanos canadienses, albahaca y aceite de comino y meterla en un vasito de cristal como aquellos del yogur Danone de fresa que tomaba cuando tenía siete años», cuando en realidad te está importunando, interrumpiendo la conversación, machacando hasta doce veces con la relación pormenorizada de cómo se ha elaborado cada ‘creación’. Así que ¿por qué no? Ya sé que el cuerpo de cada uno es el cuerpo de cada uno, un territorio privado. Pero al fin y al cabo si cuando llega el verano, ‘la caló’, y empieza la exhibición cárnica con la consiguiente muestra gratuita de tatuajes, ¿por qué no adjuntar en algunos casos un cartelito explicativo de cada ‘muestra pictórica’, de la razón por la que se lo dibujó? No siempre hace falta, una flor es una flor, una estrella es una estrella, un perro es un perro, pero ¿y cuando te ves ese dragón que recorre todo el brazo y se adentra por debajo de la camiseta por supuesto sin mangas que viste el maromo que se te sienta al lado en el autobús, en la consulta del médico o en el cine? A mí me gustaría que en esos casos, el museo andante incorporara un pequeño cartel que se podría colgar perfectamente en el tirante de la camiseta y que incluyera el título de la obra, el año en que se lo hizo y el motivo, «me lo pinté porque a Nerea, mi pareja, le encantaban las películas fantásticas», Y ni siquiera hará falta que añada que Nerea ya no es su churri, que se la pegó con Jonathan, su mejor amigo, y qué él a su vez le puso los cuernos con la Jenny, la prima de Cuenca de Nerea que siempre viene por vacaciones, porque todo eso lo aclarará el cartel explicativo del tatuaje de la pierna, un guerrero con casco, escudo y espada que empieza en el tobillo y asciende y asciende hasta adentrarse por debajo del bañador de cuadros que completa la exigua vestimenta del sujeto en cuestión. Seguro que ése se lo hizo por la Jenny. Lo que no sé, en este caso, es dónde habría que colgar el cartelito explicativo.

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