NAVIDAD EN EL PATRONATO

F. P. PUCHE

LA VALENCIA QUE YO HE VIVIDO

La triste noticia del abandono del teatro Escalante por parte de la Diputación Provincial habla bien a las claras del moderno desprecio de la institución por la ciudad de Valencia, a la que tradicionalmente trataba como lo que es, el primero y principal de los municipios de la provincia a la que se debe. Pero sirve también, a falta de agallas privadas para enmendar lo que la esfera pública no quiere sostener, para que desde este rincón elevemos un recuerdo por el que siempre ha sido y será, para miles de valencianos, el teatro del Patronato. Porque el nombre del gran comediógrafo valenciano Eduardo Escalante se lo dio la Diputación a la sala cuando, en 1985, la institución, gobernada por manos más cariñosas con la ciudad, tomó la dirección del centro para subrayar en él la vocación de teatro popular y para niños que tuvo en el pasado. Una sala donde, durante el siglo XX, se dedicaron las temporadas navideñas a la puesta en escena de obras infantiles y, sobre todo, de representaciones teatrales en torno a los acontecimientos religiosos de Belén.

El teatro de la calle de Landerer se llamaba del Patronato porque era el escenario propio del Patronato de la Juventud Obrera, una institución de inspiración religiosa creada por Gregorio Gea, un obrero del ramo de la ebanistería que puso en práctica su vocación de formación y evangelización de jóvenes trabajadores sin recursos. En el año 1883, Gea, junto con otros obreros católicos, puso en pie una institución que todavía sobrevive y que tenía su sede en una casona renacentista de la calle de Landerer, la de los barones de Cortes y Ruaya. Es fama que las caballerizas de palacio se transformaron en coquetona sala teatral a principios del siglo XX y que las columnas de fundición que sustentan los palcos fueron tomadas del desguace de un buque hundido en aguas valencianas hace un siglo, durante la I Guerra Mundial.

Durante los años veinte y treinta y después de la guerra civil, la sala fue siempre el refugio seguro del teatro infantil, que dedicaba la programación de los meses de diciembre y enero a espectáculos navideños. Hay datos que indican que, en 1915, la institución tenía escenario en el que daba funciones teatrales o realizaba actos colectivos. Pero es en diciembre de 1920 cuando la prensa valenciana habla del «nuevo teatro del Patronato recién estrenado».

Ese año, durante las fiestas navideñas, se dio la llamada «Temporada de Belén», que ofreció «funciones para los tres días de Navidad», con el estreno de «la famosa zarzuela de Navidad titulada Nabal o el pastor de Belén, en dos actos y cinco cuadros». A las tres y a las seis de la tarde, la ruidosa tropa infantil, por cuatro perras, tenía entretenimiento, porque la obrita pastoril llevaba como complemento películas infantiles.

Esa tradición de las funciones navideñas infantiles, que el Setentón Llorente sitúa en el teatro Principal de su época, la pudimos heredar otras generaciones, en los cincuenta y los sesenta, trasladadas al Patronato. Eran funciones para todas las edades, en las que abuelos, padres y pequeños se fundían, dispuestos a disfrutar con una historia blanca y una escenografía donde no faltaban sorpresas y efectos especiales. La pequeña herradura de la sala, caldeada con la humanidad de las familias, se llenaba de chillona algarabía viendo al diablo hacer las maldades de su oficio y a los ángeles triunfar entre destellos luminosos.

La sala del Patronato, o de Escalante, no ha aguantado el paso del tiempo y sufre los achaques de la ruina. El 29 de diciembre de 2017, la Compañía Ferroviaria, fiel a la tradición, representó por última vez la obra «Cuento de Navidad». Si no media una protección urbanística y un mecenazgo importante, la sala seguirá el destino de otros viejos teatros valencianos que se pierden en el tiempo. Miles de niños valencianos, a lo largo de un siglo, han pasado allí veladas navideñas excepcionales.

Fotos

Vídeos