LA NAVIDAD

JOSÉ-ANTONIO BURRIEL

La Navidad ya está en las calles: adornos, luces, etc. En la calle y en los establecimientos comerciales. Y volvemos a las andadas. Porque determinados ayuntamientos, por ejemplo, andan empeñados en que la ornamentación pública no haga referencia explícita al significado propio de la Navidad. Me explico. La Navidad son las luces, las estrellas y cometas. La Navidad también es Papá Noel y los renos, y los Reyes Magos. Pero la Navidad también es el belén, el portal de Belén. Y en bastantes casos no solamente parece, sino que es una realidad, que quienes rigen los ayuntamientos obvian todo adorno o mención que tenga significado religiosa. Optan, por decirlo de algún modo, por una pretendida neutralidad religiosa.

Veamos. Se puede ser creyente o no creyente, pero el 25 de diciembre es Navidad, la celebración de un hecho con profunda significación religiosa. Unos celebran la Navidad desde su creencia: otros simplemente por tradición histórica y familiar. ¿Alguien piensa que por «ocultar» los símbolos religiosos es mejor gobernante o respeta mejor y con más justicia la diversidad y la pluralidad? ¡Pongamos canciones raperas o reggaetón y silenciemos los villancicos, eso es lo que «le mola» a algunas autoridades municipales!

Ayer, paseando por las calles de mi barrio, escuché una conversación de un niño con sus padres: «¿Pondremos el belén en casa?, en el colegio no lo van a poner como otros años y yo quiero el belén como siempre». Y procuraré ir a ver el belén del ayuntamiento en el Salón de Cristal, pero me gustaría ver en la plaza las figuras de antaño. ¿A quién hacen daño esas figuras? ¿Discriminan a alguien? Son reflexiones que se me ocurren ante tanta luz y ornamentación. El turrón es Navidad, y Papá Noel y los renos cargados de juguetes. ¡Pero también es Navidad el portal de Belén! Uno empieza a cansarse de la pretendida neutralidad de la ideología. Allá cada uno con la suya, eso es libertad. Pero la libertad no debe excluir ninguna ideología o creencia.

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