Nacionalismo

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Afecta a la sanidad, la educación y la seguridad y tiene que ser reconducido restando poder a las autonomías

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

A la vuelta de vacaciones, cientos de familias valencianas vuelven a la realidad cotidiana y se sumergen, sin poderlo evitar, en una atmósfera de incertidumbres y vaguedades, de inseguridad, en todo lo que se refiere a la educación, sea pública o privada concertada. La enseñanza del castellano, del valenciano y del inglés de miles de niños tiene que reducirse, forzosamente, a la normativa que estaba en vigor antes de 2015, pero nada parece haberse aclarado desde que los tribunales decidieron que todo el artificio creado por el conseller Marzá, y ratificado por el Consell de Puig, es contrario a la legalidad y debe ser desmontado.

A la vuelta de vacaciones, el Gobierno lanza una oferta a las autonomías para intentar reducir, mediante un plan de acción nacional, la monumental lista de espera quirúrgica de un sistema sanitario que, siendo de los mejores del mundo, se mueve mal bajo la mano torpe de unas autonomías desiguales y asimétricas que en unos casos dan a sus pacientes unas prestaciones que otras miran con asombro. Una extendida hipocresía hace que millones de ciudadanos sostengan a la vez el derecho que les asiste a una sanidad pública y paguen además por el derecho a una asistencia privada; una extendida bizquera hace que unas autonomías extiendan la privatización de su modelo sanitario mientras otras se meten en problemas jurídicos y financieros para regresar a lo público la gestión que en su día fue privatizada.

A la vuelta de vacaciones, una extendida mayoría contempla perpleja el debate político que aún se sostiene a cargo de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils y se maravilla de que una policía como la autonómica catalana, mal preparada para unos asuntos que sin duda exceden sus capacidades, sigan negándose a dejar paso a quienes, profesionalmente, exhiben una competencia de décadas en la lucha contra el terrorismo.

A la vuelta de vacaciones, la gran mayoría social española espera que el Estado, el Gobierno de turno y la oposición leal a la Constitución, empiecen a tomar medidas contundentes destinadas a cortar de raíz lo que ya es, sin disimulo, un desafío a la legalidad que puede ser calificado como golpe de estado escrito por unos autores sin ganas de afrontar con honor las responsabilidades que les correspondan.

El pasteleo, la vieja receta nacional, sigue ocupando todos los espacios de duda de unos ciudadanos que empiezan la temporada de otoño sin saber qué y cómo estudiarán sus hijos, cómo y cuándo van a ser llamado para la cirugía pendiente, qué nivel de seguridad puede tener ante la creciente amenaza yihadista y en qué estabilidad política, social y económica va a desarrollarse su vida a causa del enajenación metal de esos enfermizos nacionalismos que han invadido España en las últimas tres décadas, para hacerla decididamente peor. A la vuelta de vacaciones, sí, muchos españoles empiezan a preguntarse cuándo se darán los pasos para reconducir las autonomías y quitarles muchas competencias.

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