Museo del Ferrocarril

Debería ubicarse en una de las naves ferroviarias, pero el Ayuntamiento quiere hacer un jardín de barrio en el Parque Central

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

El Parque Central avanza, se va haciendo realidad en la parte que por ahora puede hacerlo, y una semana sí y otra también, aparecen, se consolidan, reconstruyen, restauran o repristinan auténticas naves ferroviarias del auténtico arquitecto Demetrio Ribes. A pesar de que hay unos edificios de imitación, con el mortero todavía fresco, que se elevan al cielo para ocultar el paso elevado de Peris y Valero, circular por ese puente sobre las vías nos permite vislumbrar que don Demetrio debió estar ocupadísimo trabajando a las órdenes de la Compañía Norte. Cuando muchos temíamos que no nos quedara ni una sola de las verdaderas naves que se le atribuían, ahora las contamos y es un no parar. Tanto, que cada una de las concejalías va a tener al menos una de ellas disponible en el futuro. Porque, además de árboles, bibliotecas, centros de juventud, hogares de la tercera edad, y sobre todo polideportivos, muchos polideportivos, van a orlar el jardín que se construye. Que tras varias décadas de espera, ha cambiado su destino y vocación.

¿Por qué? Pues porque iba a ser el Parque Central de toda Valencia pero por el momento será el parque vecinal donde Ruzafa encontrará las dotaciones que no tiene en su ámbito histórico. Quiero decir que el Parque Central no debería albergar servicios para los barrios colindantes --eso debería estar resuelto, desde hace muchos años, dentro de los propios barrios-- sino dotaciones especiales de alta calidad, excepcionales, destinadas a dar empaque a toda la ciudad y ser un aliciente nuevo para propios y visitantes.

Y es que, a fin de cuentas, este artículo tiene la misma factura y vocación que el que publiqué el 12 de enero de 2017. Que estaba destinado a decir que en el Parque Central, dado su clarísimo origen ferroviario, debería ubicarse, en una de las auténticas naves ferroviarias del arquitecto Demetrio Ribes, una instalación cultural básica que nos seguimos negando desde hace décadas: el Museo Valenciano del Ferrocarril.

Ha pasado un año desde el último lamento que firmé en ese mismo sentido. Y nada ha cambiado: las peticiones y ofrecimientos de la Asociación de Amigos del Ferrocarril se siguen desoyendo, a pesar de que atesoran piezas de interés desde el año 1979, y en Torrent hay reunida una colección de carrocerías de tranvías y ferrocarriles, en plan depósito que no de museo visitable. Porque para conocer esa colección se requiere un permiso de la empresa del Metro. Es decir que viene a ser como esas ermitas de aldea perdida que hacen precisa la generosa presencia del sacristán al que el turista tiene que pedir la llave.

Lamentablemente, el jueves escribíamos del largo olvido del Museo Marítimo y hoy lo hacemos del inexistente Museo del Ferrocarril. Son dos de nuestros fracasos. Dos instalaciones que no encuentran el afecto y las inversiones ni de la Generalitat ni de la Diputación, la «madrastra» de la ciudad de Valencia. Claro que si también falla el propio Ayuntamiento para empezar...

Fotos

Vídeos