El mundo mira hacia el otro lado

Resulta escandaloso ver cómo los políticos y las sociedades del planeta se giran hacia cualquier parte con tal de no alzar la voz ante lo que está pasando en Siria o Yemen

MERCÈ RIVAS

Y estos dos países podrían ser tan sólo un ejemplo. Hay muchos más. Pero da la casualidad de que los estados de nuestro entorno, incluido el nuestro, tienen directa o indirectamente algo que ver en estos y otros muchos conflictos.

¿Qué significa esa actitud? ¿Que no nos interesa o no nos conviene? ¿Comodidad o ignorancia?

En Siria no sólo combaten sino que tienen intereses oscuros países como Rusia o Estados Unidos. También andan por ese entorno fuerzas de otros países y ya no digamos servicios de inteligencia. Ya sabemos que todo es una lucha por conquistar zonas ricas por el petróleo además de lugares estratégicos en el mundo.

Las potencias quieren llegar a ciertos países para quedarse, para remodelar fronteras, para ocupar. Utilizan todo tipo de armas legales y no legales, todo tipo de estrategias pero el resultado final es que más de medio millón de personas han muerto en Siria y los refugiados o desplazados se cuentan por millones, según cifras oficiales de organismos internacionales que habitualmente suelen quedarse cortas. Llevamos siete largos años de guerra en un país gobernado cruelmente por la familia El Assad y no hay ciudadanos que no se hayan visto afectados directamente.

De vez en cuando podemos ver imágenes realizadas por agencias internacionales de cómo los sirios huyen de Guta o cómo van a parar a campos de refugiados, pero las televisiones, radios y periódicos apenas tienen periodistas en la zona. Cuando estalla un conflicto llegan las cámaras y los comentaristas rápidamente, pero si la cosa se alarga, como suele suceder, comienzan a retirar sus efectivos y sin medios de comunicación no hay guerras ni problemas.

Las penurias, las guerras, cansan a los telespectadores, bajan las audiencias y eso no interesa. Ver niños sacados de los cimientos de una casa bombardeada o gente mayor en silla de ruedas abandonando las ciudades no resulta agradable a la hora de la comida o la cena.

A la guerra en Siria hay que añadir que, aprovechando la situación de confusión y desastre, Turquía está dando pasos de gigante para acabar con el pueblo kurdo en las zonas fronterizas. Recordemos que los kurdos son un pueblo sin estado que habitan en países como Turquía, Siria o Irak. La ofensiva turca, denominada 'Rama de olivo' por Ankara, se inició el pasado 20 de enero y ha causado la muerte de miles de personas.

Algo similar ocurre en Yemen. Si mañana usted le pregunta al primer compañero de trabajo que ve por la mañana qué pasa en Yemen quizás no se lo sepa explicar, ni siquiera decir dónde está exactamente ese país. Pues bien, Arabia Saudí, país al que todo el mundo occidental vende armas, rinde pleitesía y sonrisas y que ha sido la incubadora de los peores movimientos terroristas, está llevando a cabo una masacre considerable.Pero a quién importa cuando nos pilla tan lejos física y, sobre todo, mentalmente.

Quizás llegado a este punto, el lector ya no quiera seguir leyendo este artículo pero para los que tengan valor les puedo aportar algunos detalles. En Siria, más de cinco millones de niños necesitan urgentemente ayuda humanitaria, según Unicef. Se trata de la guerra de los récords que desgraciadamente no ve su final a corto ni a medio plazo. Los que están en el interior sufren todo tipo de ataques con todas las armas al alcance del ser humano y los que han salido y viven como refugiados, unos con peor suerte que otros, pocas posibilidades tienen de volver a su país.

Lo que empezó como una protesta contra el régimen tirano de El Assad, inspirada en las mal denominadas primaveras árabes, se ha convertido en una mini guerra mundial. Todas las grandes potencias están en el conflicto. Estados Unidos dice que apoya a los kurdos, aunque es posible que un buen día decida abandonarlos; los iraníes y los rusos apoyan al régimen de Al Assad, Turquía sirve para todo, para la entrada de yihaidistas, para la salida de refugiados, como intermediario para la venta del petróleo sirio; los rusos no quieren abandonar sus bases en el Mediterráneo; Israel dice que no está implicado pero también ha intervenido. En resumen, no falta nadie. Y la Unión Europea sigue sin tener ningún papel a pesar de ser la receptora de la mayoría de los refugiados.

Mientras tanto, las ciudades arrasadas por unos y por otros se han convertido en fantasmas en donde tras los bombardeos vienen los saqueos, la huida de la población y finalmente el silencio. Pero los ciudadanos del mundo seguimos mirando cobardemente hacia el otro lado.

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