Todo el mundo habla alemán

JOSE M. DE AREILZA

El anterior embajador británico en Berlín, sir Paul Lever, ha escrito un libro sobre sus años en este destino en el que hace una disección muy precisa del poder alemán en Europa. En el primer capítulo, titulado 'Todo el mundo habla alemán', explica hasta qué punto la UE que resurge tras la crisis del euro responde a categorías germanas. No es que haya habido un diseño intencionado del nuevo gobierno económico de la moneda común, explica, es que los demás países han aceptado estas reglas, con una mezcla de admiración y de envidia hacia lo que los alemanes han conseguido. Viene a cuento esta reflexión para entender la atención prioritaria que prestamos estos días a las negociaciones para formar una nueva coalición de gobierno en Berlín. Una vez suceda el 'Brexit', su economía representará el 25% del PIB europeo y ya no contará con un socio de peso como el Reino Unido a la hora de defender la libertad económica en el mundo.

Tras las elecciones de septiembre en Alemania, los dos grandes partidos tradicionales han perdido apoyos. La formación socialdemócrata liderada por el europeísta Martin Schulz ha logrado el peor resultado de su historia. En parte se debe al desgaste de haber participado como socio junior en la gran coalición que encabezaba Angela Merkel. Schulz se niega a re-editar este pacto. El partido de la canciller también ha retrocedido, a pesar de los logros económicos, por la generosidad con la que la jefe de gobierno, contra viento y marea, decidió gestionar la reciente avalancha migratoria. Merkel ha intentado primero tejer un gobierno con verdes y liberales, la llamada coalición jamaicana (por los colores de cada partido) y no lo ha conseguido. Los liberales han dado la espantada, en buena medida porque su líder Christian Lindner quiere copiar la estrategia de Emmanuel Macron de distanciarse de la vieja política.

Enseguida muchos analistas han anunciado el final político de la canciller, sin entender dos tipos de factores. En primer lugar, el alto grado de profesionalidad de la política alemana. El presidente de la República, Frank-Walter Steinmeier, ha mediado para que los socialdemócratas no se precipiten en arrojar al país a nuevas elecciones, que podrían beneficiar a la ultraderecha, ahora el tercer partido parlamentario. Los verdes han moderado sus propuestas más radicales y en la CDU/CSU no hay pesos pesados que nieguen la legitimidad de Merkel para gobernar un cuarto mandato. La racionalidad y el pragmatismo cotizan al alza. En segundo lugar, la canciller siempre consigue sorprender a sus críticos, por su capacidad de resistencia frente a la adversidad y la inteligencia práctica con la que comprende y capea las crisis. Con mentalidad de científica, analiza los problemas y busca soluciones concretas, sin pararse a escuchar a sus detractores. Si Alemania tropieza, Europa no funciona. Nos conviene a todos que este motor diésel siga sumando kilómetros.

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