MULTINACIONALES DE CARIDAD

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Gracias a 'Viridiana' (Buñuel) descubrimos que no siempre los mendigos mellados de fulgor roñoso son ángeles pasivos cuajados de resignación, sino tipos broncos que, soliviantados por el morapio, pretenden trincharse a la señorita dulce que les suministra limosna. Gracias a 'Un mundo perfecto' (Eastwood) intuímos que la caridad desinteresada de algunas personas obedece a motivos bastardos. El forajido Kevin Costner y el crío que le acompaña en plena huída piden comida a la dama de una granja. Esta frunce el ceño. Kevin le muestra con disimulo el perfil letal de su pistola y la señora les proporciona un chorro de alimentos. El fuera de la ley masculla escéptico: «No te fíes nunca de la caridad de la buena gente...».

Las películas, aunque ficción, no dejan de ser un reflejo de lo que nos rodea y esa frase me traspasó el alma al estallar el escándalo de orgías y abusos por parte de algunos gerifaltes de Oxfam. A costa de la caridad sin fronteras han florecido multinacionales con sus ejecutivos y sus batallones de esforzados, acaso incautos, voluntarios. Los ejecutivos del ramo caritativo viajan por la cara, moran en hoteles por el morro y reciben feroz sueldazo. La caridad, pues, empieza en su cartera. Además actúan como verdaderos grupos de presión porque publican datos respecto a la pobreza y al hambre que producen escalofríos a los gobiernos afectados. Imparten su magisterio, su doctrina, su sermón hipócrita, imagino, según el terciopelo de los donativos recibidos por parte de esos gobiernos, auténtica y fundamental tajada que equilibra sus cuentas. ¿Alguien vigila los números o la imparcialidad de sus informes? No lo parece, ¿quién va a sospechar de un chiringuito dedicado a la caridad? Por supuesto habrá organizaciones limpias, pero no logro olvidar la frase del film de Clint Eastwood...

Fotos

Vídeos