Muertos de miedo

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

El señor Puigdemont es un atrevido. Ha proclamado ante cientos de alcaldes soberanistas de Cataluña que «les molestamos, les damos miedo, y más miedo les daremos». O sea, a nosotros, los de enfrente, los del otro lado, los que no son como ellos; los de España, se supone. Madre mía, vamos a ponernos a temblar; qué estilo, qué maneras, vaya educación. ¿Y este señor habrá ido a colegio de pago y todo, y pretende lucir la autoridad de su cargo presidencial y que se le tenga equiparado a los de tal categoría? Pues parece más bien lo contrario, que va de chabacano insultador, si su tarea de gobernante se reduce a dar miedo a los que no están de acuerdo con él.

La verdad es que entre unos y otros se ha dejado enquistar el asunto del independentismo catalán. Dice el refrán que cuando uno no quiere, dos no riñen, pero también es verdad que los agravios van haciendo mella, en una dirección y otra, y cuando se forma callo queda poca sensibilidad. De ahí que la pretensión más solemne que puede soltar el señor Puigdemont sea ahora la de molestar y dar miedo. No va a juego con el educado estilo de moderación que rige en Europa. Eso estará más bien para regímenes bananeros; hasta parece más propio de las frecuentes soflamas insultantes de Maduro.

Si la altura de miras de todo un presidente de la Generalitat de Cataluña se resume en darnos miedo, lo lógico es que pensemos que ahí no hay mucho que rascar, y que posiblemente esté la suerte echada. Si alguien insiste en que no te quiere, para qué te vas a empeñar en quererlo; mejor será hacer mutis por el foro y que deje de 'emprenyar'. Aunque también es cierto que desde el otro lado se puede estar echando en falta que se les diga colectivamente: «¡Os queremos, no os vayáis, y no dejéis que este señor ande insultando!»

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