ANTES MUERTA QUE PRIVADA

PABLO SALAZAR

En un mismo día, reflejadas en el periódico de ayer, dos noticias inquietantes: en la página 5, 'Aprobado el hotel (de la Marina) con la negativa de València en Comú'; y en la página 54, 'Juan Roig no se resigna a perder la propiedad del suelo del nuevo pabellón', señala el titular, mientras en el subtítulo se explica que la concejal Maite Girau 'confirma que ninguna opción se descarta pese a la reticencia de València en Comú de vender la parcela al empresario'. No hace falta una gran imaginación ni tener conocimientos de arquitectura para llegar a la conclusión de que la construcción de un hotel que en el planeamiento está previsto que alcance las 30 plantas de altura o la de un nuevo pabellón con capacidad para unos 15.000 espectadores sentados implicaría dar trabajo a cientos o tal vez miles de personas, entre empleo directo e indirecto. Pero a la marca blanca podemista le sucede igual que a los verdes antes de Álvaro y ahora de Grezzi, que todo les parece «depredador», no sólo un hotel o un pabellón de deportes, también la ampliación de la V-21 o, por supuesto, Puerto Mediterráneo, todo lo asocian a la burbuja inmobiliaria, a la fiebre constructora, a la etapa de gobierno del PP en la Comunitat, así que por sistema, como norma, dicen no a prácticamente todo lo que lleva aparejado una grúa, llámese infraestructura, urbanización o construcción de nueva planta. Añádase a todo ello que la iniciativa privada les provoca una reacción alérgica, una especie de sarpullido, como hijos que son de esa izquierda retrógrada que asocia todo lo particular a un negocio bajo sospecha mientras entroniza lo público como sinónimo de solidario, justo, equilibrado y, ¡ay, qué risa!, bien gestionado. Una obsesión en la que encuentran cómplices en la zona templada del tripartito, es decir, en el PSPV, en la que habita la consellera Carmen Montón, que a decir de sus compañeros será todo lo pija que se quiera y parecerá más del PP que algunas del propio PP pero que a la hora de recuperar concesiones sanitarias en manos privadas -como si ese fuera el gran problema en materia de salud que sufre la Comunitat- se ha comportado con tanto ímpetu que la mismísima Dolores Ibárruri a su lado habría parecido tibia y moderada. Afortunadamente, València en Comú no tiene la mayoría en el Consistorio por lo que es posible -sólo posible- que el hotel y el pabellón acaben haciéndose, pero lo realmente fascinante de este grupo que empezó siendo transversal y ha acabado siendo el comunismo reconvertido que ya conocíamos es que ni ellos ni los verdes grezziano-alvarianos son capaces de decir en qué trabajarían los miles de valencianos que si de ellos dependiera no encontrarían nunca oficio. A no ser que piensen que cosechando cebollas y lechugas llegaremos al pleno empleo.

Fotos

Vídeos