AL MENOS CON MORTADELA

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Un juzgado del estado alemán de Renania del Norte-Wesfalia ha determinado que un simple café con un panecillo no puede considerarse como un desayuno, al menos a efectos fiscales.

Ya saben que por casi toda Europa impera más la costumbre de empezar el día con un desayuno rotundo que llene hasta la hora de comer al mediodía; entre nosotros (al menos en tierras valencianas) abunda más el tentempié al levantarnos y el posterior almuerzo ('l'esmorzaret') a media mañana.

Cada cual abunda en el hábito que más le ajuste o convenga y puede acogerse a costumbres cercanas o lejanas, salir pitando casi con lo puesto o hacer caso de lo que médicos y dietistas recomiendan últimamente: que es más saludable iniciar el día bien alimentados, pero no negarán que lo de ponerse a considerar oficialmente si un café con un panecillo debe tenerse o no por un desayuno resulta sorprendente y hasta tiene su punto divertido.

La cuestión empezó cuando la Hacienda alemana reclamó a una empresa el pago de impuestos por los desayunos que ofrece diariamente a sus ochenta trabajadores, o los que de ellos no vengan ya desayunados de casa.

El concepto fiscal teórico es que si te dan lo que normalmente pagas con tu sueldo se trata de una donación encubierta, un pago en especie que escapa del fisco. En consecuencia se reclamaba el pago de un impuesto de euro y medio por trabajador y día, por lo que la firma recurrió ante la justicia tributaria.

Y aquí viene lo más curioso de todo. Los jueces consideran que un mero café con un panecillo tradicional alemán sin mezcla no se puede tener por un desayuno en regla; para serlo, el pan debería acompañarse con algo de embutido o alguna materia para untar. Al menos que fuera pan con una cortada de mortadela, que ya llena lo suyo, claro.

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