MORIRSE ES CARO

CARLOS PAJUELO

Este asunto de la muerte es un tema tabú, pero en estos días los muertos nos reclaman atención y vamos a los cementerios a honrarlos y aunque a nadie le gusta morirse parece inevitable y no sirve de nada proclamar unilateralmente la eternidad.

Ya sé que vivir es caro, pero es mejor estar vivo que muerto. Enterrar a un muerto es caro y los precios de los servicios oscilan entre 3000 euros a 5000, la ciudad donde hay que enterrar es una variable que hay que tener en cuenta.

No es lo mismo morirse en Barcelona (más de 6.000 euros) que en Cuenca (en torno a los 2.500) donde la diferencia puede oscilar en más de 3.000 euros. Las costumbres de honrar a los muertos varían en cada cultura y las llamadas honras fúnebres se van adaptando a las nuevas realidades. Todavía en algunos países del Sur de América se va a comer y a pasar el día al cementerio como demostración de que es su día, el del muerto y se le hace compañía.

No hay que escandalizarse. Recuerdo que en mi casa mi abuela y mi madre encendían unas velitas que flotaban en un vaso que contenía agua y aceite y yo preguntaba que porqué encendían esas velas y me contestaban que era para alumbrar el camino de las almas en su viaje.

Si los griegos ponían dos monedas para el pago al barquero en los ojos del muerto para atravesar la laguna Estigia ¿Por qué mi abuela no podía encender unas velitas de nada?

No hace mucho tiempo la incineración se consideraba algo exótico y poco cristiano y la crítica se manifestaba en conversaciones privadas y en tono muy suave. Yo creo que se pensaba así por temor a que cuando llegara la resurrección de los muertos no estuviera uno completo. El muerto y su circunstancia es imagen para el vivo.

La cuenta se encarece en función del ataúd que, a veces, sigue tendencias como en la moda o, como en Montjuic que hay familias que optan por volver al siglo XIX alquilando carrozas, caballo todo negro y personal auxiliar y con sombrero de copa. Es para morirse de risa...sino fuera tan serio.

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