Morera remata la obra de La Perla

FERRAN BELDA

Se lo dije a la oftalmóloga cuando fui a revisarme la graduación. Me pasa algo en la vista. Donde no pocos de mis colegas ven compungidos la pérdida de los rótulos de 'La Casa de los Dulces' yo sólo veo un dispendio, y van..., de las Cortes Valencianas. Ese agujero negro administrativo que amenaza con engullir todos los edificios existentes entre la plaza de la Virgen y el viejo cauce del Turia desde la etapa presidencialista de Antonio Gª Miralles (PSPV). Se lo pregunté a la doctora: ¿Cómo es posible que, perteneciendo al mismo gremio, tengamos una percepción tan diferente de la realidad? ¿Me lo provoca el astigmatismo? ¿La presbicia? ¿Las bifocales, tal vez? «Calla y dime qué letra es ésta», me contestó. Recuerdo -continué a la mía- lo mucho que me costó que el área de Política del periódico de mi digna dirección informara de que Gª Miralles se disponía a levantar una auténtica ciudad parlamentaria en el corazón de Valencia. Cuando no se me escudaban en la falta de datos, tachaban de exagerados los que yo les aportaba. «Pero, hombre, si sólo es una ampliación», me soltaban cada vez que insistía en que lo contaran. Me acabo de enterar -volvía yo a la carga al cabo de un tiempo- de que las Cortes han adquirido otra casa. «Tampoco es para tanto». ¿Cómo que no es para tanto? ¿No querréis que esperemos a que lancen una OPA a la iglesia del Salvador? «Cómo se nota que no crees en la autonomía», me llegó a espetar el más filosocialista. En éstas se nos fueron varios meses hasta que una mañana de sábado -no se me olvidará nunca- los llamé a capítulo y les dije: De hoy no pasa que desvelemos la magnitud del «imperio inmobiliario de Tonet Gª». Y asintieron. No tardé en saber por qué. Lo contaba 'El País' en el ejemplar que tenía sin abrir encima de la mesa. La madre que los parió.

Veintimuchos años después, el legislativo se dispone a enseñorearse de la última esquina que le faltaba para completar un rectángulo que va de la calle de la Libertad hasta la de Muro de Santa Ana y lo único que lamentan quienes se han ocupado de esta cuestión es que para ello han tenido que retirar los rótulos de la ex 'Casa los Caramelos'. No te fastidia. No les duele que la cámara, presidida ahora por Enric Morera (Compromís), vaya a gastarse 4,6 millones en reformar un inmueble por el que Milagrosa Martínez (PP) pagó otros 6,8 en 2010. Tampoco les solivianta que pegadita a la ex 'Casa de los Dulces' exista, gracias a Julio de España y a La Perla, una finca de apartamentos completamente equipados que sus señorías no tuvieron a bien utilizar jamás porque les salían más a cuenta las dietas. Les dan pena los letreros de las narices. Probablemente porque, como me aconsejó la oftalmóloga, miran para otro lado. Hazlo y verás cómo notas mejoría.

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