Montes pelados

En julio de 1960, buena parte de la Sierra Calderona estaba mucho más desnuda de lo que lamentamos ahora tras los últimos incendios

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Ocupados en la busca de una noticia de hace más de medio siglo que no viene al caso, en el tomo de LAS PROVINCIAS de julio de 1960 aparece de repente un reportaje de Emili Beüt Belenguer sobre Serra y sus fiestas que llama la atención e invita a detenerse.

Está en una página de huecograbado, con aquella tinta verde que daba distinción a las fotos en blanco y negro de la época. Serra es todavía una minúscula población que se ve allá en medio de las faldas montañosas del Oronet y Rebalsadors; no hay chalets todavía, o habría muy pocos, tan pocos que no se destacan en las imágenes; no se adivinan las presiones urbanísticas que vinieron después. La especulación, esa endiablada maldición de nuestros tiempos, no se había extendido como luego lo ha hecho, tan capaz de 'acabar con todo'; por culpas ajenas, claro.

Los montes, sin urbanizaciones todavía, aparecen con toda su naturaleza intacta. ¿Intacta? No tanto. A poco que nos fijemos caemos en la cuenta de que las montañas están muy peladas. Nada que ver con lo de hoy. Es que realmente están muy desnudas, tan solo se ven algunos pinos solitarios, dispersos aquí y allá, y unos bancales escalonados donde imaginamos que habría almendros, algarrobos, olivos, quizá cerezos..., en todo caso muy escuálidos, porque apenas se adivina su pobre presencia entre los ribazos.

Lo que más destaca en las fotos de Beüt es la roca completamente pelada. Se ve una buena porción de la Sierra Calderona sin apenas vegetación y con el suelo evidentemente erosionado, desertificado, diríamos hoy. La tierra fértil ya se fue ladera abajo, arrastrada por las lluvias torrenciales, como las que provocaron la riada del Carraixet en 1957 (la más recordada, al coincidir con la del Turia en Valencia) y otras dos que tuvieron lugar pocos años antes.

Estas imágenes tienen un gran valor histórico porque sirven para comparar. Hoy vemos la Sierra Calderona mucho más poblada de vegetación que entonces, dónde va a parar; pero infinitamente, vamos. Nada que ver con aquello, y eso a pesar de los últimos incendios, que lamentamos. Nos entristecen tantas huellas del fuego en nuestras montañas, pero luego vemos fotos antiguas, miramos lo que hay ahora y resulta que a pesar de todo no hemos ido a peor, por mucho que se diga.

Y no es una opinión; ahí están las fotos. Esas cumbres de la Calderona de 1960 muestran claramente el estado postincendio. Un incendio de tantos que se llevó por delante el sotobosque y muchos pinos. Se juntaba además una actividad de la época: la recogida sistemática de la 'fornilla', la biomasa de hoy. S arrasaban los montes, sin apenas cuidado, para abastecer de combustible a hornos e industrias. Y luego todo volvió a crecer y a poblarse.

No lo duden, no estamos peor en este aspecto, a pesar de los pesares, y hay otros reportajes de Beüt, de Lluch Garín y otros que lo corroboran. La hemeroteca es una lujo muy actual.

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