Momentazo punk

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

El 77 fue el año de la explosión punk en Londres. Los estudiosos de la materia afirman que nació antes, en Nueva York, con bandas como New York Dolls, Stooges o Ramones. Es verdad, sin embargo asumimos que el gran estallido llegó desde Londres con los Clash y, sobre todo, con los feroces Sex Pistols. Todavía conservo el vinilo de su primer y único elepé. Todavía me emociono cuando lo enchufo. Lo cual, a mí edad y con el escepticismo que arrastro, me extraña.

Aquí no nos enteramos de la ola punkarrona que por fin llegó a principios de los 80. Con 10 añitos contemplaba a bordo del autobús que me trasladaba al colegio la sopa de siglas multicolores de aquella infinidad de partidos políticos. Aquellas elecciones nuestras fueron, en cierto sentido, nuestro momentazo punk. ¡Por fin se podía votar! Me sorprendía la gran cantidad de partidos comunistas y falangistas que se presentaban. No entendía qué era el comunismo o el falangismo, pero percibía el gazpacho mental que les anegaba la sesera. Maoístas y comunistas revolucionarios a la ultraizquierda; falangistas auténticos o tradicionalistas en el otro lado. Qué lío. Pero, por encima de las anécdotas radicales primó la generosidad, la sensatez. Aquello fue una fiesta y los jóvenes, como no se enteraban de la deflagración punk que venía desde Londres con las crestas afiladas y el cuero por bandera, lucían jipiosa melena larga y abrigo tipo trenka para reafirmar su rebeldía. Claro que, toda fiesta que se precie aporta su porción de aguafiestas. No hace falta nombrar a los actuales aguafiestas que pretenden manchar justo ahora aquel prodigio llamado Transición. Se les reconoce por su resentimiento y, lo que es peor, por su revisionismo. Han vuelto a la melena (coleta en este caso) y a la trenka. Tampoco se enteraron de aquel bendito punk del 77.

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