El modelo charanga

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Tanto en la etapa de Ricard Pérez Casado como en la de Rita Barberá se elaboraron planes estratégicos para el desarrollo de Valencia, documentos que intentaban anticipar por dónde y cómo iba a dirigirse el futuro de una ciudad que a finales de los ochenta trataba de encontrar su sitio. El alcalde socialista fue el impulsor de una publicación que se tituló El horizonte de los 90 y que dibujaba una urbe mediterránea, con nuevos bulevares, tranvías (metro ligero), carril bici, campus universitarios, un centro histórico rehabilitado y una fachada marítima plenamente integrada. Con la alcaldesa popular, ya en los noventa, se puso el objetivo en el ya superado 2015, acentuando la apuesta por los servicios y el atractivo turístico de una ciudad que en pocos años pasó de estar fuera de los circuitos a ser destino de miles de viajeros. En cualquier caso, estos modelos son más teóricos que prácticos, se trata de construcciones intelectuales que fijan ciertos objetivos y que sirven a urbanistas, economistas y analistas para trazar unas líneas básicas que no siempre se cumplen pero que orientan y ayudan a establecer una hoja de ruta. Se ha escrito mucho sobre el modelo del PP para Valencia basado en los grandes eventos (Copa América, Fórmula 1, Open de tenis...) y los edificios emblemáticos (Ciudad de las Artes y las Ciencias, Palacio de Congresos, Veles e Vents, mercado de Colón...). El nacionalismo y la izquierda lo han denostado por los casos de corrupción que asociados a algunos de estos eventos se han ido destapando. El retorno turístico, y por tanto económico, de esta política es, sin embargo, incuestionable. Con todos los errores cometidos (que han sido muchos) y pese al fomento del capitalismo de amiguetes que en algunos casos se puso en práctica (los beneficios son para ti, las pérdidas las paga la Administración), Valencia no sería hoy la misma sin aquellos eventos que le dieron protagonismo internacional y sin unos edificios icónicos que sirven como postal para cientos de miles de turistas. Desde 2015, desde el cambio político, venimos preguntándonos acerca del modelo de ciudad de Ribó, si es que lo tiene. He llegado a la conclusión de que sin construcciones intelectuales que lo fundamenten, sin planes estratégicos ni nada que se la parezca, el alcalde tiene en efecto un modelo. Se trata de una ciudad de fiesta permanente, de ruidosas charangas en los barrios del centro histórico, Ruzafa y el Marítimo, de conciertos y todo tipo de saraos en la plaza del Ayuntamiento, mercadillos y pasacalles, de permisividad absoluta por parte de la Policía local hacia todo tipo de actividades en la calle, de renuncia al ejercicio de la autoridad. Un alcalde supuestamente colega, al estilo de Tierno Galván. Y un modelo de ciudad charanga, si es que eso es un modelo.

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