Modelo Alzira

El hospital de la Ribera funcionaba a pedir de boca y ahorraba dinero: su gestión, desde hoy, ha regresado al sistema público

F. P. PUCHE

En los primeros años de su mandato en la Generalitat, Eduardo Zaplana logró un par de milagros dignos de recordar. El primero fue el encargo al Consell Valencià de Cutura de un dictamen sobre la lengua valenciana, fruto del cual nació la Academia Valenciana de la Lengua, un acertado despeje del balón-problema hacia áreas técnicas y profesionales, donde habitualmente reside ahora sin muchos sobresaltos. El segundo fue el acuerdo con el PSOE de una ley valenciana de salud que dejaba la puerta abierta a que los hospitales públicos pudieran tener gestión privada. Gracias a la correspondiente concesión administrativa, el conseller Joaquín Farnós y el presidente Zaplana inauguraron en el año 2000, en Alzira, el Hospital de la Ribera, el primero de España que respondía a ese novedoso modelo de gestión: había costado 53 millones de euros, era público desde el sótano hasta el pararrayos, pero era atendido y administrado por personas -tan amables, eficientes y bien formadas como las del sistema público- que sin embargo no eran funcionarios.

En los últimos años, el hospital comarcal valenciano se ha hecho famoso en Europa. En él anidaba un concepto -el llamado 'Modelo Alzira'- que fue consultado por muchos especialistas, deseosos de observar con lupa su correcto funcionamiento. Porque era poseedor de una extraña rareza que nadie acertaba a explicar: funcionaba a pedir de boca, dejaba satisfechos a los pacientes, tenía listas de espera más cortas... y (el muy puñetero) ahorraba dinero, bastante dinero público, sin dejar de pagar lo correcto con puntualidad. Y encima, qué horror, dejaba un beneficio moderado, del 1 o el 2%, a la empresa gestora.

Hace pocos días, el embajador en España de Donald Trump escribió al presidente Puig advirtiéndole de las consecuencias negativas que la reversión de la concesión a Ribera Salud para la gestión del centro hospitalario alcireño podría tener para las inversiones norteamericanas en la Comunidad Valenciana. El señor Duke, que no es diplomático sino empresario, respondía así a los intereses de miles de ahorradores de Estados Unidos, dado que el propietario del 50% de Ribera Salud es Centene Corporation, un fondo de inversión cuya vicepresidenta, la señora Brinkley, también visitó a Puig, meses atrás, para mostrarle su preocupación por el regreso del centro sanitario a la gestión pública.

El hospital de Alzira, ustedes lo saben, se ha hecho notorio en los últimos meses por el controvertido proceso de reversión, al que se ha resistido la empresa en defensa de sus intereses y en defensa, también, de un principio, moderno, flexible y liberal, de gestión de los servicios públicos.

El día de ayer fue el último de la gestión de la empresa Ribera Salud. Hoy domingo es el primero del regreso del hospital de Alzira a la esfera de gestión pública. Ni que decir tiene que el Modelo Alzira va a seguir siendo observado con lupa: estén atentos a las pantallas.

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