Miserias a granel

Es imprescindible que en política quien mienta se marche directo a su casa

IGNACIO GIL LÁZARO

Sin Presupuestos Generales del Estado y con la endiablada situación que persiste en Cataluña irrita contemplar a los políticos ocupados en tirarse los trastos a la cabeza a cuenta de las falsificaciones descubiertas en los currículums de unos y otros. Quizá por eso los españoles siguen identificando a aquellos como el tercer problema principal que les inquieta según la reciente encuesta del CIS. Es verdad que el llamado 'caso Cifuentes' no hay por donde cogerlo. Más aún tras el penoso espectáculo de la Convención Nacional del PP aplaudiéndola en pie y la nueva espantada de Rajoy evitando exigirle a las claras la dimisión correspondiente. Sin embargo, no menos detestable resulta el inmenso ejercicio de hipocresía que viene protagonizando la izquierda en estos días. Ver a los podemitas Errejón, Espinar o Monedero cómo pontifican sobre moralidad y transparencia ofende a cualquiera. Tipos que cargan sobre sí con un haz de mangarrufias notables se creen impunemente autorizados para dar lecciones al resto. También el PSOE parlotea dejando de lado el exceso de imaginación que algunos de sus dirigentes acreditaron a la hora de atribuirse títulos académicos que no tenían. «Un pequeño error que se corrigió» dice tan tranquilo el secretario general de la Federación Socialista Madrileña -ahora ariete parlamentario contra Cifuentes- después de haberse adornado durante ocho años con una licenciatura en Matemáticas que nunca obtuvo. Mientras tanto, el ruido generado por esto conlleva que el enjuiciamiento de los ERE vaya pasando casi desapercibido. El mayor escándalo de corrupción institucional de las últimas décadas con dos ex presidentes de la Junta de Andalucía sentados en el banquillo y con el ex director general de Empleo de esa Administración autonómica diciendo ante el tribunal que la actual presidenta, Susana Díaz, conoció perfectamente lo que entonces ocurría. Sea como fuere lo cierto es que aquí nadie esta en condiciones de tirarle piedras al vecino. La afición partidista a la técnica pueril del «y tú más» desacredita a todos. Continuará sin duda. Por ejemplo en la política valenciana se atisba fuego grueso. La derecha ha empezado a esgrimir la presunta financiación irregular del PSPV y del Bloc-Compromís, que es asunto susceptible de tener implicaciones muy graves en el ámbito nacional. Las fuerzas del Botànic, por su parte, blandirán seguro la citación que el Tribunal de Cuentas acaba de hacer a todo el Consell de Fabra en relación con la compra de Valmor. Bonig y Ciscar incluidos, lo que coloca a ambos en situación complicada para seguir diciendo que son «el nuevo PP» como si jamas antes hubieran estado colocados en primera fila riéndole las gracias al jefe de turno. Es lo que tiene la impostura. Ayer y hoy. Miserias a granel. En definitiva, España necesita regenerarse. Para empezar desde luego es imprescindible que en política quien mienta se marche directo a su casa. Ipso facto. Ya toca.

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