Miscelánea veraniega

ANTONIO VERGARA

Este verano empezó en junio con un calor infernal que no cesa, y mi pronóstico es que las altísimas temperaturas continuarán hasta mediados de septiembre. Desde luego, habrá episodios tormentosos y puede que la 'gota fría' descargue su almacén de agua en algún punto geográfico de la Comunidad Valenciana.

Por otro lado, la gigantesca 'grieta de Jensen' de la Antártida no augura nada bueno para la humanidad. Cuando se desgaje totalmente de su plataforma natural será un colosal iceberg a la deriva, tan grande como la Comunidad de Madrid y el que hundió al Titánic y Leonardo DiCaprio.

Y eso que ya nos había adoctrinado el 'batlle' Joan Ribó, desde su roñosa bicicleta, sobre el inmediato cambio climático. La voluminosa cantidad de lluvia que inundó Dénia y el restaurante de Quique Dacosta -éste recién llegado del Senegal como humilde embajador de la campaña 'Restaurantes contra el Hambre' en África- es otro aviso más. Y de última hora. El inmenso chaparrón de Dénia data del miércoles 9 de agosto.

La paradoja, aunque científica, es que el 'efecto invernadero' produce más calor a simple vista. Menos mal que el 'agujero en la capa de ozono', tan de actualidad informativa en los años ochenta y noventa, parece que se ha estrechado. Dios aprieta pero no ahoga.

Lo poco que sé de estas cosas -nada- lo aprendí del meteorólogo Mariano Medina y leyendo 'Selecciones del Reader's Digest'. Este buen hombre sí que sabía, pero yo estudié letras y no ciencias. Como escribió Mark Twain, «el hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena».

Me llama la atención, sin embargo, que nadie culpabilice a la ganadería, responsable aproximadamente del 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el cambio climático, y sí a los coches y los autobuses de la EMT.

Ese 15% animal procede de las ovejas, las cabras y las vacas cuando después de una buena -o mala- digestión alivian su aparato digestivo defecando o lanzando a la atmósfera -o a quien se encuentre detrás por un descuido- flatulencias (gas metano) no asimilables al 'eau de toilette Ralph Lauren'. El Partido Animalista debe tomar nota de que tanto el ganado vacuno como el caprino y el ovino contribuyen al funesto cambio climático más que la producción de automóviles Ford que salen de su factoría en Almussafes (Valencia).

A los ecologistas más santurrones, como Julià Àlvaro, secretario autonómico y de Medio Ambiente de la Generalidad Valencia, le dedico este sabio refrán ecologista asturiano: «Con fabes y sidrina, no hace falta gasolina».

Se han ahogado muchas personas en lo que va de verano. Causas: ir a la playa o bañarse en una piscina. Podemos y Compromís, adalides, como todos los partidos totalitarios, de prohibir hasta que las gallinas pongan huevos, están barajando la posibilidad de vallar todo el litoral valenciano con un seto de rosas rojas y lavanda, el color de La Provence francesa; y detrás 1.376 kilómetros de escayola. Es un imitación, valenciana pero evidente, del muro que ha ordenado construir el presidente norteamericano Donal J. Trump en la frontera de Estados Unidos con México. Los extremos se tocan.

El caso de Gijón (España) es alucinante y nos ilustra, por si los ciudadanos cabales y sensatos no lo supiesen ya, sobre el grado de estulticia y fanatismo global de las izquierdas. No ha habido ahogados, hasta ahora, en sus playas. Los socorristas y las socorristas (jóvenes y nadadores) han conseguido este éxito. Sin embargo, las socorristas iban en bañador fuera del agua. Algunas por su bien moldeado 'body'. ¿No tienen derecho a subrayar sus curvas si les place? ¿No son libres?

Inmediatamente, desde ese camión de la basura que son las redes sociales, comenzaron los chistes de mal gusto, las injurias y la vejaciones. Pero lo peor es que el ayuntamiento 'cagueta' de Gijón les ha 'aconsejado' que vayan con pantalón corto hasta medio muslito para no 'provocar'. Lenguaje machista: 'provocar'.

Otro detestable ejemplo más de lo 'políticamente correcto', protagonizado por un ayuntamiento a quien votaron los ciudadanos y no las nauseabundas redes sociales.

Fotos

Vídeos