La mili de los cuidados

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Entre las peticiones que han hecho nuestros políticos a los Reyes, a ninguno se les ha ocurrido pedirles más implicación de los jóvenes en la justicia social. Al ver los últimos programas de los partidos y comprobar que las actuales políticas de juventud se limitan a extender el número de años en los que poder usar el carnet joven o incentivar programas sobre consumo responsable, sus majestades han echado en falta iniciativas que dignifiquen el trabajo de los jóvenes y que los despierten ante los desafíos de la sociedad de los cuidados.

Las últimas generaciones de jóvenes se han nutrido con todas las vitaminas de la sociedad del bienestar y parecen instaladas en una burbuja del consumo, alimentada por una ingenua y simplificadora cultura de los derechos con efectos madurativamente cancerígenos. No se han nutrido con una cultura de los cuidados y, por tanto, sus competencias para trabajar por la dignidad, la justicia, los derechos humanos o incluso la solidaridad tienen un carácter puramente libresco y epidérmico. La burbuja del bienestar y los mullidos algodones de un sistema educativo que lleva varias décadas viviendo de espaldas a la virtud, ha producido varias generaciones de jóvenes incapacitados para fortalecer la imprescindible sociedad de los cuidados. Algunos países europeos han descubierto que el 'buen rollito' de la Europa social sólo puede construirse cambiando la perspectiva del bienestar utilitarista y del consumo hedonista por el nuevo horizonte de una sociedad de los cuidados. Para ello es necesario sustituir horizontes políticos construidos con categorías mecánicas como el simplón crecimiento basado en indicadores de bienestar, consumo y productividad numérica, por un crecimiento diferente basado en todas las virtudes que exige la sociedad de los cuidados. ¿Cómo vamos a construir una Europa de la justicia social y la resiliencia si confundimos crecimiento económico con desarrollo integral?

Y la clave sigue estando en políticas de juventud que no se construyan sólo desde los departamentos de Igualdad o de Educación, sino en términos 'integrales' donde sean convocados responsables de Sanidad, Seguridad, Economía, Defensa y Protección civil. En esta dirección ha comenzado a trabajar el gobierno holandés poniendo en marcha un servicio social voluntario. No es algo nuevo para quienes conocen las políticas de voluntariado. Se han planteado de una forma gradual y un poco timorata para que se puedan sumar todos los partidos del gobierno de coalición. Tampoco lo es para quienes promueven el Aprendizaje-Servicio o el compromiso social en todo el sistema socio-educativo. Sí lo es para una sociedad del bienestar anestesiada por políticas de consumo y crecimiento simplón que han dado la espalda a la sociedad de los cuidados. Quizá haya llegado el momento de proponer la 'mili de los cuidados'.

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