MILAGROS

NACH0 COTINO

Andamos estos días enfrascados en el debate semántico que nos regaló Marcelino el domingo al calificar lo que está consiguiendo el equipo de «milagro». Y no deja de ser buena señal que andemos en estas porque es señal de que no hay, cuanto menos en lo deportivo, asuntos más escabrosos en los que enfrascarnos. Pero... repito, se trata de un asunto puramente semántico que admite matices aunque no creo que haya nadie en el entorno valencianista , estando en sus cabales, que no reconozca la temporada, por lo menos como extraordinaria. Quizá lo del «milagro» conlleve una carga sobrenatural que lo pueda convertir en algo exagerado pero, desde mi punto de vista, si no hay milagro se le acerca bastante. No es milagroso que un club como el Valencia se plantee como objetivo cada temporada aspirar a clasificarse para la Champions porque, entre otras muchas razones, para eso contrata entrenadores de la capacitación del propio Marcelino o futbolistas de la calidad de Kondogbia -para quedar el 12 con Ayestarán y Enzo Pérez era suficiente-. No es milagroso mejorar las sensaciones de temporadas anteriores. Milagroso sería empeorarlas. Pero sí roza lo sobrenatural encontrarse a siete jornadas de la meta con la clasificación en el bolsillo, habiendo abierto una brecha insalvable con los perseguidores y pasando por delante de clubes como el Real Madrid que, además de contar con un presupuesto que sextuplica al valencianista, goza de todos los favores del estamento arbitral. Porque la realidad de hoy es que el equipo no está ya peleando por entrar en la Champions, esa batalla está totalmente superada y nos hemos fabricado objetivos suplementarios para encontrar sentido a los partidos que restan por disputar y eso... será o no milagro pero en el mes de agosto no lo imaginaba ni el más optimista de la Tierra. Cabe recordar que aquellas campañas 'extraordinarias' de Unai Emery el precio de la Champions era de poco más de 60 puntos -muy barata- y, valga como ejemplo, en la última de la trilogía como terceros, el líder terminó la temporada con 39 puntos más que el Valencia mientras que hoy, con un FC Barcelona que todavía no ha perdido un partido -ojalá el sábado sea el primero- nos separan sólo 14 puntos. Dato este que, entiendo, define a la perfección lo que está haciendo este año el equipo de Marcelino más allá del calificativo que cada uno quiera administrarle. Y el entrenador tiene todo el derecho a decirlo. Porque corremos serio peligro de mal acostumbrarnos. Porque lo han conseguido de la noche a la mañana. Porque debe llamar la atención a quien tiene la llave de la caja de que habrá que hacer un esfuerzo en fichajes y mantener el tipo en tres competiciones a la altura que este año se ha hecho en dos y... por encima de todo porque, al margen de lo que puedas avanzar en la competición europea, mejorar lo de este año es prácticamente imposible. Encontrarse a siete partidos del final terceros con 16 puntos más que el quinto clasificado, habiendo caído en la semifinal de Copa ante el Barça no sé si es o no milagro pero... se le asemeja una barbaridad.

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