EL MIEDO A LA VIDA

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

En 2011 animé en la cuneta de La Hourquette d'Ancizan a José Iván Gutiérrez. Dos años después, el cántabro se bajó de la bici cansado del Tour y de la vida. En Pirineos, en pleno colapso mental. Siempre admiré la labor de los gregarios. Tipos que sólo saborean la gloria en algún día suelto y preparados para sufrir por los laureles colgados al cuello de su líder. Tras soltar los calapiés, Gutiérrez entró en ese mundo donde no sólo quieres morir, sino que lo que en realidad asfixia es el miedo a la vida. El exciclista de Movistar se empachó de pastillas más veces que dedos hay en las manos. Hoy sigue vivo y en pleno proceso de recuperación abrigado por el Racing de Santander. Quizá el miedo al dolor le salvó. El que fuera portero internacional alemán Robert Enke terminó su relato en las vías del tren. El programa Informe Robinson desmigó el sufrimiento de Enke, un deportista sepultado por el miedo al fracaso. Angustias que sólo conocían su esposa, un par de íntimos y un diario con renglones depresivos. Todos sospecharon pero nadie supo prevenir el suicidio. Enke aterrizó en Barcelona para iniciar un descenso acelerado por la sombra de Madrigal, un delantero del Novelda que llenó portadas y titulares mientras en las páginas de esquelas ya se empezaba a escribir la necrológica del alemán. A Enke la vida después le dio una tunda de palos. Justo cuando la sombra de Madrigal era ya una pesadilla difuminada. Me impactó la serenidad del alemán la jornada previa a su muerte como titular en el arco del Hannover 96. Dicen que la templanza es una de las pistas del que ya ha decidido su destino. Edurne Pasabán reconocía hace unas semanas a Risto Mejide en Chester que ha sentido la muerte más cerca a nivel del mar que más allá de los ocho mil metros de altura. A Pasabán la rutina le dio vértigo. Tanto que tuvo que volver a la vida normal después de un paréntesis necesario entre cuatro paredes. El mito Michael Phelps también habló de sus miedos, igual que Mardy Fish, igual que Bojan Krkic. La depresión también ahorcó al seleccionador galés Gary Speed. La presión en activo y el día después de la retirada son puertas abiertas a decisiones alejadas del tránsito de la vida. Gutiérrez se vació durante miles de kilómetros cumpliendo órdenes a través de un pinganillo. Después lamentó que el patrón nunca llamó en su descenso a tumba abierta y que nunca recibió un bidón con proteínas de vida. A Enke nadie le mitigó el dolor de un triplete de Madrigal que fue eterno y a Pasabán, tal vez, no fueron capaces de que pisara firme sobre la tierra mientras danzaba cada día más cerca de Dios con los crampones en los pies. El deporte de élite también suda fragilidad. Donde el ídolo se vuelve mortal, donde es uno más en el imperfecto equilibrio de sólo encontrar la salida entre la angustia y el alivio de la memoria.

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